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venas

Eran tan amargos esos recuerdos que un día decidí abrirme las venas con la vieja navaja de mi bisabuelo. La sangre salió negra, como la tinta de tus poemas, y en ella burbujearon algunos versos. Dejar ir, (me escribiste un día) es más que dos palabras en la práctica.

Yo ensayé la paradoja y, uno a uno, fui donando tus recuerdos. “Transfusión”, lo llamó el médico; “exorcismo”, declaró el cura. Hoy otro cuerpo –que imagino hermoso- recibe tus besos en la plaza vieja.

 

liuba

Liuba es mágica, más allá de los esquemas de la música, posee la capacidad de llenar de melodías una letra e inyectársela en vena a todos los que se dignan a escuchar su voz. Tiene, en su garganta, la mano de oro del rey Midas y todo lo que sale de sus labios parece destinado a convertirse en sol.

Lo probó una vez más el pasado concierto. Celebrando sus 30 años de carrera artística deambuló sobre las tablas como uno de esos fantasmas buenos de los que tanto habla y nos hizo a todos estremecernos con sus canciones.

A mí me saltaron las lágrimas en tres ocasiones. Y corrí a esconderme del público cuando entrelazó Los hilos de su Luna con los de mi ángel. Y se me escaparon suspiros cuando homenajeó a Teresita. Y lloré en un teatro lleno.

No pude evitarlo. Como me dijera un amigo: Con Liuba siempre se llora.

Un poema regalo… yo con las palabras, él con la postal.

Llename-de-ti_1

manzana regalo

Esta vez, como regalo, te dibujo una manzana. A cambio sólo te pido una marcada sonrisa. Le quité el pedazo que Blancanieves había mordido y succioné el veneno de sus entrañas para no dormirte.
La hoja verde te la dejo para que la aranques y pidas un deseo. Las manzanas rojas, cuando son dibujadas, tienen propiedades mágicas. La que te regalo cumple deseos. Pero no se lo cuentes a todo el mundo.

 Hoy quiero que me arranques

la piel a tiras,

tú sádico, yo masoquista.

Quiero que desprendas

a mordidas

(no puede ser de otra forma)

los lunares de mi espalda

y que, con tus uñas,

las que siempre llevas largas,

dejes marcas sangrantes

sobre mi pelvis.

Hoy quiero que tus manos descuarticen

como cuchillos blancos,

la redondez de mis muslos

y que cortes mis venas

como Alejandro hizo

con el famoso nudo

Gordiano que,

de manera masoquista,

lo provocó

una noche de invierno,

en la que, como yo,

sentía ciertos impulsos.

Los naufragios

marzo 2017
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Los navegantes…

Y ya son...

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