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Sabines, imagino, amaba a su mujer. O a sus mujeres, si alguna vez se dio el caso. No cualquier musa puede inspirar poemas con tanta fuerza. El mexicano tenía que amar (las).

Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.

¡Qué frase! Ser legible es una de las mayores vulnerabilidades de un ser humano. Y él se confiesa, impasible, con una ternura que asusta.

Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mí mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.

Mierda… ¡¡¡mierda, mierda, mierda!!! Leo esos versos y se me pone la piel de gallina. El tipo la quiere, se sincera y además le escribe.

A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo?
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío.

-Ya no hacen poemas como los de antes –murmura mi abuela apoyándose en mi espalda. Para que lo sepas: ¡Ese Jaime Sabines es de mi época!
-No es eso -le respondo en voz baja- los poetas no han muerto, quedan algunos todavía. Lo que pasa es que ya nadie quiere estrellarse.
-¿Estrellarse? -me interroga asombrada.
Estrellarse...  para escribir versos (me tatúo dentro) hay que enamorarse. Y digan la verdad… quién se atreve a amar en estos tiempos.

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Hoy, que por una de esas casualidades es 14, febrero… y también viernes, no puedo encontrar otro regalo para ustedes que no sea un poema.
También es cierto que en un principio quise buscar muchos poetas para llenar el blog y regalarles, a cada uno, un verso, pero no me alcanza la memoria y quiero hoy ser fiel a ella. Nada de búsquedas en Google, nada de trampas digitales… esta vez sólo mis recuerdos. Por eso Sabines.

Yo no lo sé de cierto…

Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
un día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.

Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.)

Los naufragios

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Y ya son...

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