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Él y yo teníamos un contrato libre. Su cuerpo me pertenecía las horas que estuviéramos juntos y, fuera de eso, le pertenecía a otras. Yo estaba de acuerdo. Mientras mi pedazo de mundo no se mezclara con otros nombres, no me importaba (nunca he sido celosa). Me bastaba su manera de mirarme cuando me tocaba; me sentía única… protagonista. Qué importaban los otros cuentos si el príncipe (o el bandido) se mantenía en el mío el tiempo suficiente como para satisfacer mi libido.

Hasta un día. Una tarde cualquiera le dio por eliminar historias y se apareció en mi libro con el velo blanco que se les da a las novias. No dije una sola palabra. Mi manera de comprometerme fue darme a la fuga.

Ella tenía los ojos peligrosos y la boca escondida; él tenía las manos frías. La calle vacía, como aquella canción de Sabina, les regaló las luces de las farolas.

Yo los vi caminar a través del mar,  imitando la estela bíblica de Jesucristo. La luna les dibujó el camino hasta las estrellas y los pies descalzos desplazaron las olas hasta la orilla. Fue un hermoso espejismo entre las tinieblas… hasta que vino la lluvia y les disolvió el destino.

Tú y yo somos uno.  Con mis achaques y dolores milenarios y tus antiquísimas y cínicas maneras de reír. Somos uno. Y temblamos de miedo al comprobarlo. Como aquellas gelatinas de fresa que me servía mi mamá de postre los lunes. Somos  la mezcla perfecta de la paleta de colores, la melodía que cantaba la Fitzgerald y coreaba Etta. La garganta ronca de Sabina y la redondez perfecta de Adele, la sonoridad de Amy y la Houston… la calidez de la Vargas. Somos uno.

Sin embargo, cuando nos despierta el día y el Sol maquiavélico aparece en la ventana, nos desenredamos del abrazo y volvemos a ser tú y yo, a secas. Dos cuerpos distantes, separados… ausentes. Es la Luna misericordiosa la que nos vuelve a unir apenas llega el crepúsculo.

Nos encontramos en un bar barato cercano al mar y la noche, casi sin estrellas, pronosticaba mal tiempo. Me acuerdo porque los rayos se sucedían cada 20 minutos y yo estaba terriblemente asustada. Recuerdo que se lo dije una vez se acercó y me ofreció sus brazos como consuelo. Sé que esperamos que pasara la lluvia y que me besó con esa mezcla de cigarros y alcohol que siempre me ha fascinado. También estoy segura de que, en algún momento, hicimos el amor… una, dos y quizás hasta tres veces. Aquella noche se me quedó guardada en una canción. No intercambiamos nombres ni vidas y sin embargo, nos regalaron una canción.

Todavía la canta Sabina: ♫♪… Y nos dieron las 10 y las 11. Las 12 y la 1 y las 2 y las 3… y desnudos al anochecer nos encontró la Luna… ♫♪

Estas son algunas frases de canciones de Sabina que mi cerebro se empeña en almacenar. Aquí las comparto… a sabinizarse!!

* Así que no andes lamentando lo que pudo pasar y no pasó. Aquella noche que fallaste, tampoco fui a la cita yo.
Tratado de impaciencia número 10

* No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.
Con la frente marchita

* La buena reputación es conveniente dejarla caer a los pies de la cama. Hoy tienes una ocasión de demostrar que eres una mujer además de una dama.
Y si amanece por fin (J. Sabina / S. Castillo / P. Varona)

* Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera, contarle que el universo era más ancho que sus caderas, yo le pintaba un mundo real y no uno color de rosa, pero ella prefería escuchar… mentiras piadosas.
Mentiras Piadosas

* Toma mi dirección; cuando te hartes de amores baratos de un rato… me llamas.
A la orilla de la chimenea

* ¿Qué adelantas sabiendo mi nombre? Cada noche tengo uno distinto.
Peor para el sol

* En mi casa no hay nada prohibido, pero no vayas a enamorarte.
Peor para el Sol

* Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción.
Siete crisantemos (J. Sabina / A. G. de Diego )

* Sólo me pongo triste cuando alguno, en el momento más inoportuno.. me pregunta por ti.
Como un explorador

* Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren.
Contigo

* Yo sólo te conté media verdad al revés, que no es igual que media mentira.
Es mentira

* Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta.
19 días y 500 noches

* Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido
Donde habita el olvido

* Ni yo mato por celos ni tú mueres por mí
Camas vacías

* Siempre que me confieso, me doy la Absolución
Camas vacías

* Antes de que me quieras como quieres a un gato, me largo con cualquiera, que se parezca a ti.
Camas vacías

* Me falta una verdad, me sobran cien excusas
Seis Tequilas

* Mi manera de comprometerme fue darme a la fuga.
Viudita de Clicquot

* Se anuncia entre los dos tiempo inestable, asoman a tus ojos las tormentas; por la noche es probable, que el viento sea variable, que me quieras… y luego te arrepientas.
Parte Meteorológico

* Lo peor de la pasión es cuando pasa, cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos. Lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas, el puré de reproches con sardinas, las golondrinas muertas en la almohada. Lo malo del después son los despojos que embalsaman al humo de los sueños, los teléfonos que hablan con los ojos, el sístole sin diástole sin dueño. Lo más ingrato es encalar la casa, remendar las virtudes veniales, condenar a la hoguera los archivos. Lo peor del amor es cuando pasa, cuando al punto final de los finales no le quedan dos puntos suspensivos…

Los naufragios

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Y ya son...

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