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Íbamos de las manos, agarrados. Como aquellos niños de primaria a los que se les obliga a caminar de a dos. La suya sudaba, con la humedad dulce de quien corre para ver el sol. La mía tembló…

mujer-llorando

Ann tenía tantas ganas de querer, que se vistió de blanco y corrió a la iglesia. Esperaba engancharse con alguno de esos hombres tristes que las mujeres abandonan a punto de dar el sí, pero sólo encontró al cura. No había un abandonado ese día. Nadie ajeno a la alegría.

Desolada, volvió a su suerte arrastrando el vestido. De tanto llanto se inundó el camino.

Tú juegas a engañarme, yo juego a que te creas que te creo
Luz Casal

De espaldas, sin la camisa, parece un modelo de esos que habitan las pasarelas. Pero está en mi cuarto y no lleva ropa. Un tatuaje esconde su brazo derecho y cuando gira, en el pecho, en el lado contrario del corazón, me sonríe una anciana. Él sale a defenderse cambiándole el sexo, lo llama cacique. Me saco una risa del bolsillo mientras palmeo su espalda y finjo que le creo. Un cacique travesti, pienso cuando lo beso… y se me pierden los labios arrancándole los lunares.

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Todo el mundo habla acerca de cuán importante es no perder el tiempo. En la escuela, en la casa, en el trabajo. Los amigos, la familia, los vecinos. Cada quien tiene su opinión respecto a las maneras de gastar esos preciados minutos que van conformando la vida. Unos -los amantes del trabajo- sugieren que se empleen en cursos y formaciones académicas. Otros van más allá (o más acá) y disfrutan sus horarios libres comprándole flores al amor, o lo que es lo mismo, enamorándose de cuanto ser viviente se les cruce en el camino.

Los Unos, por supuesto, son fervientes detractores de los Otros, y viceversa.

Según Plutarco (46-120)“Pitágoras, cuando era preguntado sobre que era el tiempo, respondía que era el alma de este mundo.” Mi abuelita hablaba del mismo con menos poesía: “El tío Tiempohabrá, se murió de viejo y no hizo ná.”

Yo, para bien o para mal, soy más de compartir la creencia de Steve Jobs.

“Tu tiempo es limitado, así que no lo malgastes viviendo la vida de otro… Vive tu propia vida. Todo lo demás es secundario.”

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Ayer, después de ver la caricatura de Marcos Severi del ramo de papas fritas, me puse a pensar en lo genial que sería unir a la gente con el  fin de crear una campaña que le diera la vuelta a los clichés amorosos. Originalidad ante todo, sería el lema de la misma, y una de sus consignas sería: Las rosas huelen muy bien… pero las papas saben mejor. Por supuesto, contrataría un director de publicidad para esas cosas (en la línea anterior me di cuenta que no sirvo como jefa de marketing) y a alguien que se encargara de darle publicidad a los ideales de regalos nuevos.

Las papas, por supuesto, serían nuestro principal producto. ¿A quién no le gustan fritas? -pregunta retórica, abstenerse de responder. Luego cambiaríamos perfumes por desodorantes. Ustedes saben… son más prácticos y menos caros.

Eso sí, mantendríamos los chocolates. Bajo ningún concepto se puede alterar la exquisita costumbre de intercambiar derivados del cacao. El énfasis se haría, para variar, en la sustitución de bombones por Nutella. Atendiendo al hecho de que los primeros son más pequeños y los segundos ofrecen la posibilidad de reutilizar el envase, creemos firmemente que sería una buena práctica.

No nos responsabilizamos por los aumentos de peso. Ya se sabe… a barriga llena, corazón contento.

No te llamaría nostalgia
pero tengo tantas ganas de escucharte
que te llamaría y te llamaría y te llamaría.

Y es que la distancia es tan cabrona, que ni los Beatles hubieran escrito All you need is love si nos hubiesen conocido.

Decía Martin Lutero:

El pensamiento está libre de impuestos.

Y yo que -en ocasiones-  puedo volverme una cínica de los cojones (perdónenme la españolada) a veces creo que sería mejor que no lo estuviese… total… hay tanta gente que no piensa y no paga nada!

lemniscata

Una de las personas que más quiero me dijo una vez que si yo fuera una súper heroína, la prensa me llamaría “Súper ABC”; y mi poder, por supuesto, sería el de ir descubriendo/corrigiendo las palabras mal escritas. La segunda habilidad latente sería la “apalabrización” y dentro de ella caería la destreza de enseñarle a escribir y/o leer a quien no tiene diccionario. Hace poco añadió la de crearlas.

Esta que les traigo hoy no es inventada ni mucho menos (todavía no me gradúo de la escuela de superhéroes). Se trata simplemente de una palabra desconocida que usamos a diario (la contradicción es sorprendente). Lo que pensé cuando me la presentaron fue un poco triste. Y es que me dio pena con la pobrecita, tanto tiempo saludándola y nunca se me había ocurrido preguntarle el nombre. Vergüenza debería darme.

Para subsanar errores ipsofacto se las presento. Se llama Lemniscata y es, para no hacer largo el cuento, el término correcto para referirse al símbolo de infinito. O sea, la curva plana de forma semejante a un 8 que muchos se tatúan detrás del cuello.

No me den las gracias, sólo estoy practicando.

Atentamente,

Súper ABC en proyecto.

trisquel

Él tenía tatuado justo encima del corazón, el símbolo celta que representa el principio y el fin.  Es un trisquel, repetía orgulloso, un amuleto contra ladrones y brujas.

Ella, en cambio, usaba una escoba como medio de transporte. La oscuridad la asustaba y sólo salía de noche cuando la luna era llena.

Coincidían (cosa rara) cerca del mar para ver los crepúsculos. Ella nada sabía de sus runas, él no sospechaba de sus conjuros. Fantasearon, como es debido, con futuros encuentros espumosos… Y hablaron de arenas blancas y caracolas multicolores.

Siempre, cuando se escondía el Sol, ella se marchaba.

Aquella tarde, sin embargo, algo se olía diferente. A causa de la Luna las olas bailaban y una espuma prístina bañaba las orillas. La de la escoba llegó con un brillo raro en las pupilas. El del trisquel con un dibujo atravesándole las costillas.

Borrada la runa comenzó el embrujo.

Se les ha visto a ambos en una Nimbus.

abrazarse

Hoy descubrí una palabra nueva. Y yo, que usualmente no tengo ansias de conquistadora, me sentí una Velázquez en toda la extensión del apellido.

En aras de la sinceridad confieso que fue más un descubrimiento al estilo penicilina, no obstante, siento que con él le doy vida a un acto que, hasta ahora, andaba huérfano de palabra. Acarrazarse (según la R.A.E.) no es otra cosa que abrazarse con fuerza.

Desde que la encontré tirada en la esquina del diccionario, me dio por hacerme la Teresita y adoptarla… Es cierto que no tiene bigotes ni come queso, pero sí mira a la Luna y parece de algodón. Además, tiene brazos largos que me cuelga al cuello y suena cascabeles si no soy feliz.

Para apropiarse de una, aprenda a conjugarla.

Los naufragios

agosto 2017
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Y ya son...

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