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Ayer, después de ver la caricatura de Marcos Severi del ramo de papas fritas, me puse a pensar en lo genial que sería unir a la gente con el  fin de crear una campaña que le diera la vuelta a los clichés amorosos. Originalidad ante todo, sería el lema de la misma, y una de sus consignas sería: Las rosas huelen muy bien… pero las papas saben mejor. Por supuesto, contrataría un director de publicidad para esas cosas (en la línea anterior me di cuenta que no sirvo como jefa de marketing) y a alguien que se encargara de darle publicidad a los ideales de regalos nuevos.

Las papas, por supuesto, serían nuestro principal producto. ¿A quién no le gustan fritas? -pregunta retórica, abstenerse de responder. Luego cambiaríamos perfumes por desodorantes. Ustedes saben… son más prácticos y menos caros.

Eso sí, mantendríamos los chocolates. Bajo ningún concepto se puede alterar la exquisita costumbre de intercambiar derivados del cacao. El énfasis se haría, para variar, en la sustitución de bombones por Nutella. Atendiendo al hecho de que los primeros son más pequeños y los segundos ofrecen la posibilidad de reutilizar el envase, creemos firmemente que sería una buena práctica.

No nos responsabilizamos por los aumentos de peso. Ya se sabe… a barriga llena, corazón contento.

Él, que conoce mis debilidades, desnudó sus manos y las metió lentamente en aquella mezcla pastosa que asomaba desde la cocina. No pude resistirme. De uno en uno le devoré los dedos.

hamster

Soy un hámster. O al menos eso es lo que me dicen mis amigos.
Como, como, como… y no engordo. Ni una libra. ¡Y eso que estoy a dieta desde los 18 años! Desayuno pan todos los días (si pudiera más de uno), almuerzo arroz y frijoles en grandes cantidades y me tomo 3 vasos de agua con cada comida. Por si fuera poco me paso la vida tragando dulces, un pote de Nutella me dura par de días (si es el grande) y no me pueden faltar las meriendas vespertinas.

Incluso los colegas del trabajo que almuerzan conmigo están asustados porque dicen que no saben dónde meto tanta comida. Ya me da hasta vergüenza que me lleven a un restaurante. Ni siquiera mi hermano, que tiene la obligación moral de complacerme, me invita. Le tomó la frase a papá y cada vez que le digo que me saque a comer me suelta : ¡¡¡Que va!!! ¡¡A ti es más barato pagarte el entierro que la comida!!
No es justo… apenas peso 125 libras!! En kilos vendrían siendo unos 55 y para 1.70 m no es tanto. ¿A que no es tanto?
¡¡¡Si incluso me gritan flaca por la calle!!!

Nada, según Internet, esto puede suceder cuando una persona es MUY inteligente. Por si no lo sabían: las personas inteligentes consumen mucha energía porque piensan mucho y (los estoy educando) por esta razón suelen ser delgadas.
Como diría Taladrid: Saque usted sus propias conclusiones.

Y dibujó en aquella espalda las líneas aztecas que extendían por todo el continente americano, derramó el líquido oscuro de su cultura en aquel lienzo blanco y luego mezcló la pasta  dulce de su dibujo con el color de su pelo cobrizo.

Así fue como nació la Nutella, con la mezcla de dos continentes.

Nunca llegué a pensar que me recordarías en la imagen de un hombre… nunca pasó por mi mente.
Sin embargo, en esta foto todo se hace demasiado evidente. Recuérdame, extráñame, pero por favor, regálame más Nutella.

Ann esta vez fue la afortunada, el regalo fue uno de los famosos potes de Nutella. Él vino, en una de esas visitas cortas, y se la trajo. Ann no podía ser más feliz.

El encuentro fue en la Habana Vieja, en un edificio alto… la ciudad entera estaba a sus pies. Él, como siempre, con sus hermosos ojos negros la estaba esperando al pie de una exhibición antigua. Ella corrió hacia sus brazos.

Ann me cuenta que fue reconfortante verlo, había cambiado mucho, ya no era ese muchacho delgado que correteaba por su casa, ahora era un hombre hermoso con unos preciosos ojos negros. Hablaron mucho y recordaron viejos tiempos… tiempos en que se tomaban de la mano y leían versos juntos. Tiempos en que se escondían para quererse debajo de las escaleras.

Las cosas han cambiado mucho desde aquellos años. Ann ya no es siempre la niña dulce y él hace tiempo comenzó a saberse homosexual. Es simplemente una amistad verdadera, sin secretos, con confidencias…esta vez fue Ann la afortunada.

Feliz, con la sonrisa a flor de piel, con los labios dulces… comiendo Nutella.

PD: Definitivamente uno de los mejores regalos de este año

Los naufragios

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Y ya son...

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