You are currently browsing the tag archive for the ‘María’ tag.

Maria

María llega para alborotarlo todo, con su pelo rojo cual bandera brinca el muro que da a la calle y, sonriendo como gata a la que le acaban de hacer cosquillas, saca de su mano un papel arrugado:

-Estás desaparecida y no me gusta si no es debajo de las sábanas.

El mensaje, críptico, le devuelve una sonrisa. Una sábana blanca le cuelga del hombro.

Es para jugar a los fantasmas – me dice a la vez que me guiña el ojo. ¿Quién sabe?, a lo mejor si no me escondo puede que le dé un buen susto.

FI-0052-Harakiri_New1-580x905.1

Él vivía dentro de mí –me confiesa María– tenía una cama cómoda dentro del pecho y todos los días lo acariciaba antes de dormir. Se despertaba con el barullo que hacía el corazón al irse a trabajar y luego bajaba hasta la barriga para que sus mariposillas le cosquillearan la cara. Eran Monarcas las que criaba, de esas inmensas que, al batir las alas, provocan los terremotos allá en Tokio.

Por la tarde, después del trabajo, se iba a los ojos a colonizar arriba e incluso a veces (cuando la ternura me lo permitía) yo simulaba una rendición sufrida para satisfacer sus aires de conquistador frustrados. Así vivió muchos años… podría asegurar incluso que éramos felices.

Hasta una noche sin Luna. Lo atrapé escondiéndose en una lágrima mientras iba, como un sonámbulo, asesinando a las mariposas.

Hacerme el harakiri fue la manera que encontré para dejarlas libres.

magic

Olvídense de la trama… si me preguntan de qué iba la película, les diré que de un grupo de tipos buenísimos que se movían espectacularmente. Porque eso sí, ¡qué manera de moverse la de esos hombres! ¡Qué ganas de meterme a la pantalla y lavar mi ropa interior en esos abdominales!

Me pasé la puta película segregando hormonas y con el teléfono en la mano listo para ser usado en cualquier minuto. Estaba como la cucarachita Martina: ¿a quién llamaré, a quién llamaré? Y es que, seamos honestos, por un lado quería llamar a todas las mujeres de mi lista de contactos para recomendarles el pedazo de porno ligth que es Magic Mike y por el otro, me escocían los dedos de imaginarme llamando a cualquier hombre para que me hiciera un fucking striptease como los de la película.

Horny, así me sentía… sentada en la inmensa oficina que me paga las cuentas, cruzaba las piernas para que no se notara el deseo cabrón que tenía de follarme a alguien. Desafortunadamente, apenas acabándola, me llamaron los de arriba. Una reunión de presupuesto acabó con la fantasía.

Él y yo teníamos un contrato libre. Su cuerpo me pertenecía las horas que estuviéramos juntos y, fuera de eso, le pertenecía a otras. Yo estaba de acuerdo. Mientras mi pedazo de mundo no se mezclara con otros nombres, no me importaba (nunca he sido celosa). Me bastaba su manera de mirarme cuando me tocaba; me sentía única… protagonista. Qué importaban los otros cuentos si el príncipe (o el bandido) se mantenía en el mío el tiempo suficiente como para satisfacer mi libido.

Hasta un día. Una tarde cualquiera le dio por eliminar historias y se apareció en mi libro con el velo blanco que se les da a las novias. No dije una sola palabra. Mi manera de comprometerme fue darme a la fuga.

dark,girls,men,scary,bondage,erotic-ecc81e1a42212ff2caa30271bed762fb_h

Mientras me retorcía en el suelo –relata María- un leve calor comenzaba a manarme de la entrepierna. Esa manera tan suya de observar mis movimientos me incitaba a restregarme los amarres sobre la piel desnuda. Su fútil idea de “secuestro” me asemejaba entonces hasta divertida.

En esos instantes (lo confieso) anhelaba la continuación del acto y, como el personaje requería, emitía los gemidos clásicos de quién se siente rehén. La boca semiabierta en “O”, los cabellos dispersos en el suelo, la piel de gallina a causa del frío y las piernas encogidas hasta la cintura, eran el perfecto aderezo a la estampa de cautiva que simulaba la escena.

Todo hasta que comenzó a explicarse.

mujer y nubes

Ann -la rubia, la buena- anda paseando por las nubes. María viene a contármelo ensimismada y, casi sin creérselo todavía, me describe una complicada historia. Ella sabe (la pelirroja) que desde arriba tiene una orden de alejamiento y, medio molesta/medio animada, escrutiña el cielo en busca de alguna pista.

Subió anoche de repente, la delata la espía. No necesitó escaleras. Una canción bastó para llevarla arriba.

La caza mayor –cuenta María– me parece un deporte fascinante. Empeñarse en coleccionar uno de esos animales gigantes no me motiva y, sin embargo, la batida me emociona a tal punto que, encontrarme apuntándole directo al pecho a una de esas fieras salvajes con apenas una flecha, me hierve la sangre.

Esta vez, él se aparece y yo me pongo la armadura. Tenso mi arco, acaricio la flecha y casi a punto de disparar… caigo.

Hay canciones armas -me confiesa María. Hay canciones balas.
El otro día, por ejemplo, me dispararon una ráfaga. Uno de los proyectiles me voló la boca, me mató las palabras. Por una vez en mi vida no supe qué decir, mejor dicho, no fui capaz de decir.

El autor del crimen, uno que yo consideraba víctima, me atrapó en medio de un concierto y me amordazó con la mirada. Pablo cantaba y yo sólo tenía oídos para aquellos ojos negros que querían taladrarme el alma. Me inmovilizó la melodía y aquel sentimiento extraño de sentirme la única persona en el teatro a quien iba dedicado aquel tema.

Por un instante… un breve instante, me sentí morir.

El breve espacio en que no estás

Todavía quedan restos de humedad,
sus olores llenan ya mi soledad,
en la cama su silueta se dibuja cual promesa
de llenar el breve espacio en que no está.

Todavía yo no sé si volverá,
nadie sabe al día siguiente lo que hará.
Rompe todos mis esquemas,
no confiesa ni una pena,
no me pide nada a cambio de lo que dá.

Suele ser violenta y tierna,
no habla de uniones eternas,
mas se entrega cual si hubiera
sólo un día para amar.

No comparte una reunión,
mas le gusta la canción que comprometa su pensar.
Todavía no pregunté “¿te quedarás?”.
Temo mucho a la respuesta de un “jamás”.
La prefiero compartida antes que vaciar mi vida,
no es perfecta mas se acerca a lo que yo
simplemente soñé…

Beso a ciegas

Un beso que dure media jornada. Un beso eterno. Un beso lágrima.
Un beso ola, un beso naufragio, un beso barco.
Un beso oasis.
Un beso mío.

mujer con  arma

Ella llega, con su pelo suelto, a conquistarlo todo. Como un torbellino arrastra a su paso los cuerpos inertes de los amantes que la han buscado mientras oculta en sus manos el arma homicida.

Se cuenta en los pueblos que miles han intentado capturarla y, sin embargo, nadie ha conseguido detenerla. Incluso peor, ninguno ha logrado escapar con vida. Sus balas tienen el color rojo de sus cabellos y en cada cuerpo estampa tres besos. María, le bautizan los bandidos. Las mujeres le rezan y los hombres le temen.

Los naufragios

junio 2017
L M X J V S D
« Abr    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

Y ya son...

  • 140,830 visitas

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 3.792 seguidores