La mujer mariposa

Últimamente, de noche, me visita un escritor... o más bien un juglar de historias, que sólo escribe cuentos para enamorar muchachas. Le robó el trineo de estrellas al Principito y suele tocar a mi puerta cuando la Cenicienta se va a dormir. No soporta que lo espíen ni la Luna ni las nereidas, por eso... Leer más →

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Dejar ir

Dejar ir es en la práctica más que dos palabras. Dejar ir es abrir los brazos y cerrar los ojos. No importa cuán feliz se haya sido en la vida, en algún momento todos hemos tenido que ignorar esa sensación egoísta que nos entra con los sentimientos y aprender –casi siempre por las malas- que... Leer más →

En retrospectiva

Decía Martin Lutero: El pensamiento está libre de impuestos. Y yo que -en ocasiones-  puedo volverme una cínica de los cojones (perdónenme la españolada) a veces creo que sería mejor que no lo estuviese... total... hay tanta gente que no piensa y no paga nada!

Lo sé, soy una cobarde

A veces me entran unas ganas inmensas de llamarte y preguntarte si aún me quieres, si no estás con alguien... Siempre las reprimo. Me viene a la cabeza aquel abrazo triste con que nos despedimos y me da miedo -un miedo terrible- imaginarme tu respuesta.

Perdónenme

Yo, que soy de las primeras a la que le sube el azúcar al ver esas parejas cursis que andan por la calle, ayer me encontré deseando un abrazo ñoño. Y es que, aunque la mayor parte del tiempo sea Katrina (referencia obvia a los Cachorros de la Perrera), de vez en cuando se me esconde la... Leer más →

Pesadillas

Dormir sola. Arrinconarse en una esquina de la cama y atrapar entre las piernas la almohada amorfa que está a punto de desintegrarse. Soñar. Cambiar de posición 80 veces porque el brazo se duerme, porque la sábana se pega al cuerpo, porque hay más calor del necesario, porque volvió el frío. Despertar. Cansada, ojerosa, despeinada.... Leer más →

Lo que me hace feliz

Dormir -después de un largo período de insomnio- reposando la cabeza en otro brazo. Despertar -después de un largo período de sueño- reposando la cabeza en el mismo brazo.

Todavía hay quien prende velas

Ayer se cumplieron exactamente 5 años desde que se fue. Y yo, que usualmente necesito un abrazo por esas fechas, esta vez preferí el silencio. Al acostarme, pensando que sólo yo la había recordado, me sorprendió su mensaje... Hay quien, afortunadamente, no necesita notificaciones.

La sorpresa

Por sacarme una sonrisa te quedaste sin cordones. Hiciste con tus zapatos una cuerda y te lanzaste en caída libre por la ventana. ¿O fue al revés? Ya no me acuerdo. La luna menguaba para esconderte y en la penumbra tu voz brillaba. –Abre el balcón -me despertó una piedra- traigo Nutella de contrabando.

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