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Tú juegas a engañarme, yo juego a que te creas que te creo
Luz Casal

De espaldas, sin la camisa, parece un modelo de esos que habitan las pasarelas. Pero está en mi cuarto y no lleva ropa. Un tatuaje esconde su brazo derecho y cuando gira, en el pecho, en el lado contrario del corazón, me sonríe una anciana. Él sale a defenderse cambiándole el sexo, lo llama cacique. Me saco una risa del bolsillo mientras palmeo su espalda y finjo que le creo. Un cacique travesti, pienso cuando lo beso… y se me pierden los labios arrancándole los lunares.

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Siempre he sido de las que piensa que en las librerías viejas -esos nidos de libros que se encuentran en un callejón perdido a las 3 de la tarde-  se encuentran tesoros y uno debe, por moralidad, hacerles una visita al menos una vez al año. Gracias a ello he descubierto, casi enterrados, alguno que otro libro de Herminio Almendros,  selecciones buenísimas de poetas latinoamericanos e incluso alcancé a rescatar del comején una edición casi moderna de Las honradas y Las impuras.

Ocurre que cuando me interesa un texto, lo abro al azar para sorprenderme. Casi siempre la casualidad me ayuda y termino complacida arrancando el libro del vendedor. Este domingo, perdida en una callejuela de La Habana Vieja, me encontré a Carilda en una de esas estanterías viejas. Error de Magia se llamaba el libro. Me demoró una lágrima pagar los poemas.

Se me ha perdido un hombre

Se me ha perdido un hombre.

Y lo busco por cifras y guitarras,
por hierbas y entrepisos,
en el cielo,
en la tierra,
dentro de mí.

Se me ha perdido un hombre.

Y me quedo temblando
como quien no come sino polvo,
como quien ya extravió la sombra.

Pero no,
que no,
que no me ayudan a buscarlo.
,¿A quién le importa si su mirada ha derrotado el
tiempo?
¡A quién le importa aquella piel
con ganas
de la luz?
¿A quién le importan unos labios transparentes
que no tuvieron hambre,
unas piernas que sólo corrían al amor?

Se me ha perdido un hombre.

Y todos ríen,
se entretienen,
sudan,
mastican
se desenvainan por las noches;
despreciativos,
inefables,
maromeros,
unánimes,
como si sólo se hubiese caído un alfiler
o la hoja más seca
del árbol del bien y del mal,
como si la muerte no hubiera entrado
a destiempo
en nuestra casa.
Y yo pensando que era demasiado joven,
que reunía láminas y piedras,
pedacitos de mundo,
hierros,
cosas del mar.
Yo pensando en su grandeza
de criatura,
en cómo miraba a Venus al atardecer,
en cómo cayó en la trampa.

Yo pensando
en dónde está la mitad del cuerpo mío,
en quién va a cantar ahora para quitarme el miedo,
en las veces que no nos besamos
y en las que nos besamos,
en sus ojos coléricos frente a la injusticia,
en ese silencio con que me responde,
en la herida que nunca le cosí,
en sus manos.

Se me ha perdido un hombre.

¡Ayúdenme a buscarlo!
Pronto…
Siento frío.

Aquí no hay lámparas ni claves,
no tengo redes
ni computadoras.
no tengo flechas ni radares.

¿Dónde estás?
¿Intenta ser mi sombra el desvalido?
¿Se me ha vuelto invisible entre gusanos?

marcos_severi_6

Ayer, después de ver la caricatura de Marcos Severi del ramo de papas fritas, me puse a pensar en lo genial que sería unir a la gente con el  fin de crear una campaña que le diera la vuelta a los clichés amorosos. Originalidad ante todo, sería el lema de la misma, y una de sus consignas sería: Las rosas huelen muy bien… pero las papas saben mejor. Por supuesto, contrataría un director de publicidad para esas cosas (en la línea anterior me di cuenta que no sirvo como jefa de marketing) y a alguien que se encargara de darle publicidad a los ideales de regalos nuevos.

Las papas, por supuesto, serían nuestro principal producto. ¿A quién no le gustan fritas? -pregunta retórica, abstenerse de responder. Luego cambiaríamos perfumes por desodorantes. Ustedes saben… son más prácticos y menos caros.

Eso sí, mantendríamos los chocolates. Bajo ningún concepto se puede alterar la exquisita costumbre de intercambiar derivados del cacao. El énfasis se haría, para variar, en la sustitución de bombones por Nutella. Atendiendo al hecho de que los primeros son más pequeños y los segundos ofrecen la posibilidad de reutilizar el envase, creemos firmemente que sería una buena práctica.

No nos responsabilizamos por los aumentos de peso. Ya se sabe… a barriga llena, corazón contento.

A veces las máquinas se sublevan… y en venganza por nuestros maltratos les da por confabularse contra sus dueños. Mi reproductor, por ejemplo, le preguntó a mi agenda electrónica (casi pude seguir el rastro digital) acerca de aquello que me dolía. Y esperó, como quien espera un regalo, a que el teléfono le notificara un mensaje  para soltarme a bocajarro una ráfaga de canciones dardos.

El termómetro, agente fiel de contraespionaje, hizo su tarea al esperar, a destiempo, una lluvia fría que empañó los cristales mientras confundía la webcam mis lágrimas con la lluvia.

Intento de asesinato, con premeditación y alevosía.

La sentencia ha sido desconectarlas.

mujer-quitandose-tacones-dorados

No hay mayor venganza que unos tacones sin sonido. Escaparse a media noche de una cama ajena, de un hechizo roto, de un abrazo a medias para vengar una ausencia, sólo tiene mérito cuando se hace en silencio. El vacío de una casa puede tornarse ensordecedor a veces.

lemniscata

Una de las personas que más quiero me dijo una vez que si yo fuera una súper heroína, la prensa me llamaría “Súper ABC”; y mi poder, por supuesto, sería el de ir descubriendo/corrigiendo las palabras mal escritas. La segunda habilidad latente sería la “apalabrización” y dentro de ella caería la destreza de enseñarle a escribir y/o leer a quien no tiene diccionario. Hace poco añadió la de crearlas.

Esta que les traigo hoy no es inventada ni mucho menos (todavía no me gradúo de la escuela de superhéroes). Se trata simplemente de una palabra desconocida que usamos a diario (la contradicción es sorprendente). Lo que pensé cuando me la presentaron fue un poco triste. Y es que me dio pena con la pobrecita, tanto tiempo saludándola y nunca se me había ocurrido preguntarle el nombre. Vergüenza debería darme.

Para subsanar errores ipsofacto se las presento. Se llama Lemniscata y es, para no hacer largo el cuento, el término correcto para referirse al símbolo de infinito. O sea, la curva plana de forma semejante a un 8 que muchos se tatúan detrás del cuello.

No me den las gracias, sólo estoy practicando.

Atentamente,

Súper ABC en proyecto.

Bibliomancia. Forma de adivinación que consiste en abrir un libro por una página al azar e interpretar lo que allí se dice.

De niña, siempre quise ser como Amanda… Y ahora llegó mi oportunidad (no me va importar que me llamen bruja). Juro que no les cobraré ni un céntimo a los primeros 10 clientes. A los que vengan detrás: la adivinación se pagará con libros.

Hoy desperté con un fragmento de versos de Jaramillo. Te miré, como quien ve dormir un sueño, y me acerqué a tu nuca a respirarte. Tu cuerpo tenía ese olor animal que describen en los libros… olor de hombre. Una gota de sudor se apuraba por tu espalda y mis labios, como dos autómatas, se volvieron a devorarla.

A veces creo que los poetas son seres omnipresentes, y van y vienen de muchos tiempos recolectando historias. Tal vez a la nuestra le nació un poema.

Confesión

Yo huelo a ti.
Me persigue tu olor, me persigue y me posee.
No es este olor un perfume sobrepuesto sobre ti,
no es el aroma que llevas como una prenda más:
Es tu olor más esencial, tu halo único.
Y cuando ausente mi vacío te convoca,
una ráfaga de ese aliento me llega del lugar más tierno de la noche.
Yo huelo a ti
y tu olor me impregna después de estar juntos en el lecho,
y ese fino aroma me alimenta
y ese aliento esencial me sustituye.
Yo huelo a ti.

Foto: Dazra Novak

Foto: Dazra Novak

Alguien me dijo ayer que mi parque más querido del Vedado, ese que se encuentra en 21 y H, es el “parque de los tarros”. Me quedé de piedra mientras me lo decían y luego solté la carcajada del milenio.

Para qué mentir, cierto es que es un parque oscuro que se presta para muchas cosas y, sin embargo, los recuerdos que yo tengo de él, son tan -usaría la palabra puros, pero luego tendría que retractarme- buenos (sí, buenos es la palabra), que más que al adulterio lo asocio a la etapa inicial del enamoramiento.

Porque si de algo estoy segura es que una vez me enamoré en ese parque. Mientras me hablaban de libros, vinos y chocolate -o era yo la que hablaba, ya no recuerdo- el verde aquel se me iba metiendo dentro. Juro que para aquel entonces ni un beso me habían dado pero ya yo estaba enamorada. ¿Qué se puede hacer después que te regalan un libro de poemas? No existe contraveneno.

Más tarde, casi un siglo después, luego de haber odiado los árboles, otro poeta me devolvió el amor al parque. Lo envolvió en fotos viejas y, lanzando una botella al mar, me regaló un banco de hierro.

Hoy por hoy, la glorieta del medio –lo juro- me  retorna la sensación aquella de estar perdidamente enamorada. Por eso no subo mucho. Me da miedo de ser esa yo a la que le entra la nostalgia por los ojos y comience llorar el verde.

El parque adúltero, más que adúltero, es un parque de 2 (o 3, o 4…). Ojalá no lo conviertan nunca en un centro comercial, la gente tiene todavía el derecho al beso.

abrazarse

Hoy descubrí una palabra nueva. Y yo, que usualmente no tengo ansias de conquistadora, me sentí una Velázquez en toda la extensión del apellido.

En aras de la sinceridad confieso que fue más un descubrimiento al estilo penicilina, no obstante, siento que con él le doy vida a un acto que, hasta ahora, andaba huérfano de palabra. Acarrazarse (según la R.A.E.) no es otra cosa que abrazarse con fuerza.

Desde que la encontré tirada en la esquina del diccionario, me dio por hacerme la Teresita y adoptarla… Es cierto que no tiene bigotes ni come queso, pero sí mira a la Luna y parece de algodón. Además, tiene brazos largos que me cuelga al cuello y suena cascabeles si no soy feliz.

Para apropiarse de una, aprenda a conjugarla.

Los naufragios

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Y ya son...

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