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Mona, perdón, Mónica, es mi socia. No de las de siempre, porque a ella la conocí hace algunos meses, pero socia al fin y al cabo, que compartir cervezas e historia es lo más cercano a crear lazos en estos tiempos.
El texto a continuación es de ella. No obstante, más que suyo, es nuestro… de nosotras.

***

Una definición muy personal de violencia de género: ver a una persona corriendo hacia a ti en la noche, no saber si es hombre o mujer -porque no ves bien de lejos, menos de noche-, pensar que puede ser hombre, asustarte, paralizarte, empezar a pensar en qué dirección huir, cómo defenderte, todo eso en un instante, y ya cuando está a dos metros, darte cuenta de que es una mujer, mirarse, reírse, porque sin decir nada ambas entienden lo que pasó, ella entiende tu miedo y no se ofende, ella sigue corriendo, tú te sientes segura de nuevo, y te quedas pensando cuándo sentiste por primera vez miedo a los hombres, cuándo aprendiste a asociar caminar sola en la noche y encontrarse a un hombre o grupo de hombres con peligro o amenaza, no saber cuál es la respuesta, creer que ese miedo existe desde que tienes conciencia de que eres una mujer, cuando escuchabas de niña que las niñas se sientan con las piernas cerradas y se ponen shorts debajo de las sayas, que las hembras no juegan con los varones, que las niñas son flores, que los niños no deben pegar a las niñas -no que no deben pegar a nadie sino, sobre todo, que no deben pegar a las niñas-, creer que descubriste que eras una mujer el día en que empezaste a entender que tenías que protegerte de los hombres y, por tanto, tenerles miedo, descubrir, en la medida en que te conviertes en una mujer adulta, que las mujeres que intentaban enseñarte a protegerte, a prepararte para el peligro, desde que eras una niña, tenían razón, ahí molestarte contigo, con ellas, indignarte, aprender a quedarte callada y mirar al suelo y apurar el paso cuando un grupo de hombres empieza a “piropearte”, o cuando te pasa uno por al lado y de pronto se acerca a tu oído y te dice una atrocidad, que si otro hombre extraño se la dijera a él al oído en la calle le partiría la cara a trompones, tener que cambiar tu ruta porque de pronto te encuentras un hombre haciéndose una paja, lo mismo en un banco de Quinta Avenida, que en un banco de la Avenida de los Presidentes, que acostado en el césped como si estuviera en la playa, aprender también a rebelarte, a confrontar a los hombres que se hacen pajas en los espacios públicos por los que pasas, que se la sacan cuando tú pasas, porque tienes que defender que las calles también son tuyas, reclamarles, exigirles que se la guarden, que se vayan a otro sitio, que vas a llamar a la policía, salir corriendo cuando te amenazan con caerte atrás, no olvidar nunca que los hombres son físicamente más fuertes y que los policías nunca están cerca de calles oscuras donde hay hombres que se hacen pajas, ni siquiera si esa calle es una de las principales avenidas de la ciudad, sobreponerte a tu miedo cuando te levantan el vestido en medio de la calle de día y te tocan las nalgas, como si tu cuerpo no mereciera respeto solo por ser el cuerpo de una mujer, caerle atrás al cobarde durante una cuadra y gritarle como una loca eso, cobarde, y que él nació de una mujer, que las mujeres se respetan, quedar ronca de tanto gritar lo mismo, llorar de impotencia por haber tenido que contener las ganas de abofetearle, porque el cobarde no debía tener más de doce años y tú piensas que a pesar de todo es apenas un niño y no puedes atacarle, seguir tu camino a poner flores a tus muertos al cementerio como si nada hubiera pasado, porque eso es lo normal, que los hombres te agredan una y otra vez es lo normal, que no importa si estás triste, si vas a una fiesta o a un velorio o al cementerio, lo que tú sientas no importa porque eres mujer, y ser mujer significa que los hombres pueden hacer de ti lo que quieran, en el momento que quieran, que no eres dueña de tu cuerpo, ni de tu vida, ni de tu suerte, ni de tu ánimo, vivir defendiendo tu derecho a ser tratada con respeto por los hombres que te conocen y los que no te conocen, sin importar cómo luzcas, cómo te vistas, cómo camines, cómo hables, cómo comas, cómo bailes, cómo mires, cómo ames, saber lo que es sentir miedo solo por ser mujer, pero no dejar que ese miedo tan funcional a la violencia te impida ser genuinamente libre. Feliz 2019 a todas mis amigas mujeres, espero que cada vez nos sintamos más acompañadas entre nosotras.

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Los naufragios

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Y ya son...

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