Ejercicio interpretativo

Sucede que un día te despiertas en una cama que no es la tuya, en una casa extraña, sin ventanas, sin vista al mar… y por un segundo, una milésima de segundo, te sientes tan desorientada, que asumes que estás dormida y eso que te asusta todavía es un sueño, una de esas pesadillas que no tenías desde que eras niña pero ahora vuelven a aparecer.

Pasado el segundo, el susto, mientras te enjugas una lágrima que no llega a la mejilla, te das cuenta que no, no es un sueño, tampoco es una casa ajena, no es el set de filmación de un secuestro ni tampoco las paredes blancas de un hospital psiquiátrico. Es tu casa. Tu casa nueva, esa que parece ausente porque aún no tiene una foto de familia, porque no sientes el ruido de tu madre mientras preparas el desayuno, porque tu abuela aún no ha sonado el bastón contra el piso ni te ha gritado ordinaria porque se te olvidó en la noche recoger la loza.

Es tu casa, pero no es la tuya. Los papeles tienen tu nombre, eso sí, y mucho trabajo costó reunir la plata. Pero aún no es tuya. La posesión no se aprecia en las cosas nuevas. Nada dice más “mío” como un libro desgastado, o un jean roto, o una cocina rayada. La posesión se refleja en las cosas imperfectas.


Ahora, mientras la espalda agradece el colchón nuevo, mientras las paredes grises no han descubierto aún lo que es un clavo mal puesto, sueña con colores. Imagínate la cama con la sobrecama de mima, aunque sea horrible, algo así como un ejercicio interpretativo.
Dibuja la cocina en tu cabeza y trata de aparecer cuadros con frutas, flores en un centro de mesa, un minúsculo reloj negro, con un rayón en un lado, que no se atrase- por favor, estás en un país nuevo, compra pilas – y un refrigerador blanco (o gris, no nos pongamos selectivos).

Imagina, eso sí, que en esa misma mesa con flores hay un álbum viejo.

Las fotos las pones tú, obvio, al fin y al cabo no hay que olvidar que todo esto es un ejercicio interpretativo.
Luego del llanto, o la sonrisa, levántate de la cama. Es hora de andar de tiendas… ese relojito negro no se va a materializar él solo.

4 comentarios sobre “Ejercicio interpretativo

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