Volviendo a los versos

A veces pasa, me levanto con par de versos en la garganta y la lengua comienza a picarme con con un nombre incompleto o un título a medias.

A veces me despiertan 5 palabras.

Hoy, me sacó de la cama una estrofa completa. Abrí los ojos y, como sacado de un sueño, salió este poema de mis recuerdos.

Reloj de Arena

En medio de la noche 
te desvelas
y adivinas mi rostro dormido.
Apoyas tu boca sobre mi frente,
dejas, como al descuido,
tu mano sobre mi pecho,
hasta que nuestros latidos se acompasan.

Hace un siglo amé a un hombre
y podía sentir su olor lamiendo mis entrañas,
el universo revelado ante mí en el borde de su camisa
-botón por botón caían los misterios del profundo oráculo-
mi destino trazado en su torso.

Hoy descanso en su cuerpo con la cotidianeidad de los sueños perdidos.

Hace un siglo amé a un hombre
pero he perdido el rastro de su piel
el sello de su boca,
aquella cicatriz tan cercana a mi ombligo.
Un dolor incoloro se afirma entre mis lágrimas,
ya no es más ese monstruo que me tragaba adentro.

Es cierto que amé a un hombre
pero hoy sus huellas ya no existen
ni siquiera en el persistente agujero de mi almohada.

Adriana Ortega ( México,  1966 )

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