Hoy tuve miedo. Me mordió la garganta en el mismo momento en que dijeron: accidente.  

No es un sueño, estoy despierta. Las marcas de la mano abierta lo señalan. A lo lejos frena un almendrón. Cierro los ojos. El cerebro descubre a la ambulancia. El sonido… el puto sonido lo difumina todo.  La bicicleta blanca aparece y desaparece como el conejo de Alicia. Ya no es blanca… no está completa. La campana suena mientras el timón, como brazo fracturado, es recogido de la acera.
A él no lo veo. En el piso, gotas de sangre van a esconderse detrás de un parabrisas viejo, roto, astillado.

Una mujer me mira fijo desde un espejo. Me reconozco. Por la barbilla una gota roja alcanza la camiseta.

Anuncios