Un novio extranjero

Foto: Claudia Aguilera
Foto: Claudia Aguilera

Tener un novio extranjero, en Cuba, es vivir en medio de una hipocresía mediática. Por una parte, no hay ninguna diferencia en que una pareja provenga de Estados Unidos, Argentina o Canadá, pero por la otra, está el tono en que la gente que te conoce pregunta con morbosidad: ¿y entonces qué, te quedas o te vas? Como si tener un novio extranjero fuera el equivalente a una visa de esas que dan en las embajadas.

Hace poco, conversando con unos colegas, alguien me preguntó por mi estado civil. Soltera legalmente -contesté de inmediato- pero tengo novio…  por si era eso lo que querías saber.

Y sí, lo era. Aquí a casi nadie le importa un comino si hay boda por medio o no, la gente solo pregunta si hay un nombre de por medio. Luego, por supuesto, vienen las otras interrogantes. ¿Cómo se conocieron, tienes fotos, a qué se dedica? Casi siempre dejan para el final la peor ¿y dónde vive? -o en su versión más moderna- ¿y de dónde es?

Hoy en día, vivir en Playa o el Vedado se considera una especie de bonus extra en lo que a material de pareja se corresponde. Al parecer la zona es un valor agregado. No obstante, si la respuesta traspasa los límites señalados que corresponden a la isla, te miran con cara de suspicacia mientras exclaman a media voz: ¡Ahh!

Todavía hoy me cuesta trabajo asimilar los “Ahh”. Tanto los he escuchado que casi podría clasificarlos. Está el que te suelta la vecina más chismosa del barrio y este, dependiendo de la ideología política de la susodicha, equivale a decir “esta juventud está perdida, como se traicionan los ideales” o “mira lo que tiene que hacer la juventud para salir adelante”. Ambos casos, por supuesto, vienen acompañados por una mirada de arriba a abajo que sería el reemplazo perfecto de los escáneres de los aeropuertos.

Están también los “Ahh” familiares que, afortunadamente, vienen con pregunta extra.
¿Qué edad tiene? es la primera oración que sale de los labios de una madre al enterarse que “su retoño” anda con personas extrañas. Entonces, dependiendo del tipo de relación que haya en el núcleo familiar, las expresiones exclamativas también siguen un patrón. Pueden llegar a ser del tipo “Ay, mijita, ahora la gente va a pensar que tú andas en malos pasos” o “entonces aprovecha bien, que eso no se da todos los días”.

Casi todo el mundo tiene una opinión acerca del tema. Están los amigos de toda la vida que ni se inmutan y los que te dan su número de zapato “en caso de un posible viajecito”. También  están, por supuesto, otros que ponen cara seria y repiten como papagayos: ¿Y el  futuro qué? Como si uno lo tuviera todo pensado.

Tener un novio extranjero no hace ninguna diferencia. Seamos realistas, hay relaciones de interés tanto en el ámbito nacional como internacional. Y hay extranjeros con dinero como mismo también hay otros que no tienen un kilo.

En Cuba, donde hay una xenofobia inversa -aquí los turistas casi siempre tienen prioridad- andar de la mano con alguien que hable con un acento “raro” no debería incomodar a nadie. Una mujer y un hombre (en cualquiera de sus variantes) hayan nacido en China, Rusia, Brasil o Costa Rica, se enamoran como idiotas en cualquier parte.

Lo que yo le veo triste a toda esta historia, es la distancia.

(Publicado originalmente en El Toque)

9 comentarios sobre “Un novio extranjero

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  1. sqr((X2 – X1)^2 + (Y2 – Y1)^2) kills… :\

    El 6 de enero de 2017, 13:04, Un pedacito de Mar escribió:

    > Mar posted: ” Tener un novio extranjero, en Cuba, es vivir en medio de una > hipocresía mediática. Por una parte, no hay ninguna diferencia en que una > pareja provenga de Estados Unidos, Argentina o Canadá, pero por la otra, > está el tono en que la gente que te” >

  2. te soy honesto, hay algo que no me gustó y es que en el toque pusieran como publicación vinculada con esta un video de una prostituta… o sea, cuando uno lee esto en el toque lo que aparece relacionado como publicación anterior es la historia personal en video de una prostituta… si fuese tú, pediría a la gente del toque que cambiara eso aunque me estén pagando por mi escrito…

  3. Vaya, este texto me deja pensando… Nunca le he preguntado a mi pareja de dónde es.

    Tampoco es que me sea indiferente, por supuesto que tengo mis corazonadas. La mayor parte de las veces creo que viene de un viernes. Las menos, de un azar.

    De llegar a saberlo alguna vez, no estoy seguro si algo cambiaría. La mayor parte de las veces creo que no. Las menos, saboreo el misterio.

    Idiota que soy.

  4. Gracias Mar por el relato. En mi caso yo fui la otra parte, la novia extranjera y estando allá escuché las mismas preguntas de la gente a mi pareja, así que me doy alguna idea de las expresiones en los rostros que acompañan esas palabras.
    Y si, como decís, lo que duele al final del día es la distancia.

  5. Mar, amiga: Eres única!!! Aunque no lo sabías, llevo un pequeño tiempo ya recibiendo “preguntas”, “comentarios” y de los famosos “Ahhh”. Jajaja. Es increíble como casi todo el mundo usa los mismos recursos para dejar sus comentarios de forma implícita. Y tienes razón; al final, lo más triste de la historia, es la distancia.

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