No al abuso

Foto: Luca Rossato
Foto: Luca Rossato

Una va por la calle pensando en lo mismo de siempre, el café, los mandados, el revolcón pospuesto de por la mañana -que venía posponiéndose desde la noche anterior porque al otro día había que levantarse temprano- cuando de repente, como salido del aire, un golpe le cruza la cara a una mujer. Y duele. Aunque no sea tu cara, sientes la mano marcándote el rostro.

Un hombre el culpable. ¿Un hombre? Un ejemplar con cromosomas XY.

Después de la impresión inicial, en la que todo sonido se diluye y solo flashazos de imágenes desfilan por tus pupilas, una comienza a reconocer los sonidos. Luego las voces.
La de ella es apenas un susurro, sus palabras solo atinan a suplicar.  En cambio él, embutido en esa superioridad ancestral que tiene por nombre machismo, grita.

Recuerdo que par de lágrimas me asomaron a los ojos cuando, a pesar de los gritos, la pobre mujer procuró mil veces disculparse.

Un hombre que estaba cerca de mí, trató de acercarse a ayudar. La realidad me sacudió el alma como un terremoto cuando, al grito de “¡Con mi marido me entiendo yo!” un par de tacones volaron cerca del rostro del defensor. Casi al mismo tiempo, el  dichoso marido le propinaba otro gaznatón. “Por meterte en mis problemas”, le escuché decir mientras levantaba el brazo, “y por puta mala”.

Después del sobresalto, el improvisado Quijote volvió sobre sus pasos rumiando imprecaciones y, no sin cierta razón, reiteró la frase cliché de que cada quien tiene lo que se merece.

Desde la esquina, contemplando el escenario, un carrusel de imágenes me pasó por la cabeza. Y lloré. Lloré por las mujeres lapidadas que se atrevieron a levantar los ojos y mirar a un hombre de frente. Lloré por esas otras que, en flagrante mutilación, les sometieron sus partes íntimas a la ablación. Lloré por las que son vendidas como esclavas, tanto sexuales como domésticas –no hay excusa posible para la esclavitud. Y por las que sus familias entregaron a un matrimonio sin amor.

Ser mujer no siempre es fácil, en muchas partes del mundo son objetos decorativos o recipientes que cargan material genético. Los perros valen más que ellas. Son más caros.

La que se arrastra al borde de la calle suplicando perdón no es una excepción. ¿Quién puede adivinar lo que le fue enseñado en su casa? ¿Quién sabe si su padre era un borracho que le pegaba a la madre? ¿O si la madre tenía 6 hijos y dependía solo del padre? Lo único real en toda esta historia, lo que se puede acuñar si es preciso, es que esa mujer es una víctima de su entorno y ese hombre un cobarde de la peor calaña.

Levantarle la mano a una mujer no hace que crezca el bulto de la entrepierna, limpiar un piso no hace que se vuelva más chiquito. La violencia, incluso entre iguales, es un acto primitivo. Con alguien que no puede defenderse, más que un abuso, es algo digno de animales.  Y que me disculpen los últimos por el insulto.

(Publicado originalmente en El Toque)

19 comentarios sobre “No al abuso

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  1. una vez estaban amigo en el frente de mi casa… frente a mi casa hay un avenida con un separador central… llegó una pareja en una moto y se paró y el tipo le dio a la tipa tal golpe que la pasó del otro lado del separador… mi amigo se iba a parar, lo cogí del brazo, le dije: no te metas!… el quería otra vez y lo agarré fuerte y le dije: no te metas!… la mujer se paró, volvió con el tipo, hablaron dos o tres cosas, se montó en la moto y siguieron…

    le dije mi amigo: te metes y el tipo saca una llave inglesa y te parte la cabeza… después la mujer se sube en la moto y se pasan esta noche templando y tú en el cuerpo de guardia cogiéndote los puntos de la herida, si es que sales con una herida y ya…

    eso me lo ha dado la experiencia, he visto ese cuadro millones de veces, millones… no te puedes involucrar hasta que la víctima no esté realmente convencida de lo que le sucede, sino terminas mal, porque regresa con su agresor… sea cuál sea la causa de su sumisa actitud -pueden ser varias- hasta que no demuestre que quiere salir de ello no puedes ayudarla y esa certeza nunca la tienes en un encuentro en una esquina…

    la violencia contra la mujer es injustificada, por eso me gusta tanto esa campaña que hace un tal tocayo mío con un grupo que trabaja por la prevención de la violencia contra las mujeres y las niñas… uno de sus slogans dice algo así como: “atrévete a ser hombre!” “no a la violencia contra la mujer!”…

  2. Hace un tiempo viví una experiencia parecida, venia caminado una pareja de frente a mi, y así, de la nada el muy animal le sonó un señor piñazo a la muchacha por el hombro, no supe que hacer, me quede ahí, bloqueado, ellos siguieron caminando, discutiendo, como si yo no existiera, ella le tiro par de manotazos, el se los devolvió en empujones, pero cuando llegaron a la esquina ya eran de nuevo una pareja feliz, cada vez que lo recuerdo, me cae un sentimiento de culpa muy fuerte por no haber intervenido, el “no te metas, no es asunto tuyo” y la cobardia fueron mas fuertes

  3. Creo que es importante contar estas experiencias, divulgarlas y ayudar a generar conciencia y lo mismo debates al respecto. En mi caso no estoy de acuerdo con el “no te metas”. Entiendo el cuidado por la integridad física que uno debe tener en esas situaciones. Pero si no nos metemos, si no decimos y demostramos que eso no está bien, entonces como esperamos que una mujer que llegó a esa situación y que la ha prácticamente naturalizado salga de ella?

    1. Yo estoy de acuerdo contigo… aunque soy de la opinión de que debería existir un número al que poder llamar cuando estas situaciones ocurren. Ojalá y se crearan las condiciones.

  4. Desgraciadamente a pesar de que el pais ha avanzado muchisimo en el nivel profesional, adquisicion economica o protagonismo de la mujer en la sociedad todavia hay mucho machismo y estoy de acuerdo que ambos sexos tienen la culpa, si es que alguien la tiene, realmente es un problema de cultura, tiempo, lugar… Que bueno volver a verte publicar. Los golpes involuntarios bailando cuentan?

  5. Si es una lástima que no lo haya. A mi entender, el hecho de que no exista es porque no se han tomado estas situaciones como un problema social. Así como a muchas mujeres les lleva tiempo entender que lo que están viviendo no está bien, que incluso la violencia, aunque no sea física, también es violencia, asimismo lleva tiempo a una sociedad reconocer este tipo de hechos como una problemática. Ojalá pronto se creen condiciones para poder dar contención a todas aquellas mujeres que sufren estas cosas día a día.

    1. Lo peor es que a veces las condiciones están creadas y somos las mismas mujeres las que decidimos no hacer uso de ellas… por prejuicios, por vergüenza o incluso por machismo. Una verdadera pena.

  6. Ayy Marian.

    ¡Lo triste que es ver a una mujer sufrir por la violencia de un hombre!

    El machismo sigue vivo, como 8 milenios y aún sufren por culpa nuestra y aún nos creemos superiores y mejores.

    Creo que todos tenemos algo de culpa, por indiferentes, por culpa de una educación machista, por unos prejuicios que nos da miedo quitar, por miedo a parecer débiles, sobre todo por miedo a sentir y al entender al otro.
    Yo voy tratando un poco mejor a las mujeres cada día, lo más equitativamente que puedo, y darles todo el apoyo y el ánimo, porque al fin y al cabo tienen el poder y la capacidad de cambiar y manejar este mundo, mejor de lo que lo han hecho los hombres.

    Creo que es un compromiso muy sencillo: si no puedo ayudarlas a mejorar, a crecer, a aprender, no voy a hacerles daño.

    Además, el aprendizaje, la enseñanza, la vida misma siempre es mutua entre dos seres.

    Me gusto este escrito, mucho, porque muestra varios aspectos de una situación cotidiana en todo el mundo: la violencia a la mujer, la solidaridad de unos pocos, el convencimiento de algunas mujeres de que merecen el maltrato y la violencia ciega de un troglodita en cualquier lugar del planeta.

    Gracias

    1. Gracias a ti, Manuel, por tomarte del tiempo de leer y comentar, si más hombres como tú existieran estos problemas serían solamente historias de ficción.

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