¿De qué color es la esperanza?, me pregunta la niña intranquila que ocupa el cuarto de al lado. ¿Verde? respondo temerosa, mientras me viene a la cabeza aquella canción infantil que tanto pasaban por la televisión cuando yo tenía su edad. La esperanza es verde. Y después de afirmarlo, me voy creyendo la respuesta.

Si hubiera que elegir un color al sentimiento, por qué no elegir el color de los árboles. Fue a su sombra que aquella noche sin luna te robé mil besos. Y fueron ellos los que, en aquel parque con río, te enredaron a mis piernas.

La esperanza tiene, por fuerza, que disfrazarse de verde, lo sé porque tus ojos la reflejan.

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