mujeres

Foto: Ángel Vázquez

Dice mi abuelo que hay dos tipos de hombres: Los que dicen que se masturban y los mentirosos. Con las mujeres –y estoy revelando secretos- no pasa igual.

A las mujeres se nos enseña desde que aprendemos a hablar, que los hombres –sólo los hombres- tienen “necesidades básicas” que satisfacen mediante actos prohibidos a las señoritas.

Y es que sí, nosotras las mujeres hemos defendido a capa y espada el derecho a la igualdad, sobre todo en las áreas laborales y domésticas… pero, siempre hay un pero en estos casos, ¿quién ha luchado por la igualdad en el sexo? ¿Por qué un acto tan natural como la masturbación, en el cual el comienza a despertar el instinto sexual del individuo, es un tema tabú al sexo femenino?

Un hombre que admite que se masturba no causa ruido en el sistema.

Si una mujer reconoce públicamente que “se toca”… se armó la hecatombe, el apocalipsis llegó adelantado.

La situación, lamentablemente, no cae en sectores poblacionales, es algo que va más allá, como una especie de Ley Mordaza. Incluso en mi grupo de amigas hay quien jamás se ha acariciado.

Hay una frase muy gastada que usan todas las redes sociales (perdónenme el cliché, pero le viene como anillo al dedo al tema): Para amar a alguien tienes primero que amarte a ti mismo.

Una frase tan simple no tiene manera de ser malinterpretada: para querer a otros, quiérete a ti. Conoce tu cuerpo. Descubre tus cosquillas. Aprende a vivir con cada imperfección y acéptate tal y como eres. No dejes que nadie te imponga reglas preestablecidas. Lo que te gusta debes saberlo, lo que no, aprende a decirlo. Tu cuerpo, tus reglas.

No hay nada más exquisito que poder decirle a tu pareja lo que quieres que te haga, no hay necesidad de esperar tres semanas para llegar un orgasmo. Si lo hace bien, felicidades, si no… pues terminas tú, que para eso eres un ser independiente.

Y ojo, que también hay suplementos… existen los vibradores, los anillos, las bolas mágicas (no me pregunten por el nombre, investiguen). Miles de artefactos y juguetes fueron creados por personas más listas que nosotros con el fin de un disfrute sano. Porque sí, no es ninguna “tentación maligna” probar. Mayor incluso puede venir el placer si entre dos (o 3 o 4, ya eso es decisión propia) descubren sensaciones juntos.

La masturbación no tiene por qué ser un acto solitario ni exclusivamente ligado a la adolescencia, puede convertirse en juego.

Lo importante es no tener miedo, librarse del qué dirán. Total, dentro de las cuatro paredes que conforman una casa, o un dormitorio, o un baño, quien opina lo que está bien o está mal es uno mismo.

La naturaleza tiende a ser sabia. Y quizás pensando en nosotras (al fin y al cabo ella también es “la”) nos dotó con un órgano exclusivamente vinculado al placer. ¿Por qué no utilizarlo? Al fin y al cabo, es una mentira grande esa de que la curiosidad mató al gato.

(publicado originalmente en El Toque)

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