Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.

Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía
y no se detendrá ni cuando mueras.

Ann tiene la hermosa manía de coleccionar poemas. A veces, producto de un sueño, se despierta tarareando versos y me pone, como loca, a descubrirle el autor. De vez en cuando le acierto a la primera y ella me mira, sonríe… y me pregunta. Porque eso sí, cada poema que adivino tiene historia y apellidos.

Hoy se levantó con Juarroz. Me hice la desentendida. Tengo miedo a evaporarme si le pronuncio tu nombre.

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