trisquel

Él tenía tatuado justo encima del corazón, el símbolo celta que representa el principio y el fin.  Es un trisquel, repetía orgulloso, un amuleto contra ladrones y brujas.

Ella, en cambio, usaba una escoba como medio de transporte. La oscuridad la asustaba y sólo salía de noche cuando la luna era llena.

Coincidían (cosa rara) cerca del mar para ver los crepúsculos. Ella nada sabía de sus runas, él no sospechaba de sus conjuros. Fantasearon, como es debido, con futuros encuentros espumosos… Y hablaron de arenas blancas y caracolas multicolores.

Siempre, cuando se escondía el Sol, ella se marchaba.

Aquella tarde, sin embargo, algo se olía diferente. A causa de la Luna las olas bailaban y una espuma prístina bañaba las orillas. La de la escoba llegó con un brillo raro en las pupilas. El del trisquel con un dibujo atravesándole las costillas.

Borrada la runa comenzó el embrujo.

Se les ha visto a ambos en una Nimbus.

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