Hoy desperté con un fragmento de versos de Jaramillo. Te miré, como quien ve dormir un sueño, y me acerqué a tu nuca a respirarte. Tu cuerpo tenía ese olor animal que describen en los libros… olor de hombre. Una gota de sudor se apuraba por tu espalda y mis labios, como dos autómatas, se volvieron a devorarla.

A veces creo que los poetas son seres omnipresentes, y van y vienen de muchos tiempos recolectando historias. Tal vez a la nuestra le nació un poema.

Confesión

Yo huelo a ti.
Me persigue tu olor, me persigue y me posee.
No es este olor un perfume sobrepuesto sobre ti,
no es el aroma que llevas como una prenda más:
Es tu olor más esencial, tu halo único.
Y cuando ausente mi vacío te convoca,
una ráfaga de ese aliento me llega del lugar más tierno de la noche.
Yo huelo a ti
y tu olor me impregna después de estar juntos en el lecho,
y ese fino aroma me alimenta
y ese aliento esencial me sustituye.
Yo huelo a ti.

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