Y pasa que uno abre una gaveta buscando algo, quizás un peine, un labial, un gancho… cualquier cosa temporal e intrascendente, cuando entre las manos se desliza orgulloso un pedazo de papel ajado, un fragmento -obvio- con par de líneas difusas en las que apenas se lee te amo. O peor aún, se abre un libro viejo que se considera inocuo y se encuentra en la primera página -ahí, en la primerísima- una dedicatoria bala.

Vilariño, por supuesto, condensó la sensación en un poema.

VIVE

Aquel amor
aquel
que tomé con la punta de los dedos
que dejé que olvidé
aquel amor
ahora
en unas líneas que
se caen de un cajón
está ahí
sigue estando
sigue diciéndome
está doliendo
está
todavía
sangrando.

Anuncios