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Peinarse está sobrevalorado. Y no lo digo sólo yo, que no me peino, sino un montón de mujeres que han optado por un look más natural y/o rebelde (o sea, otras que no se peinan).
Ahora con todo el bum de la queratina casi no se ven en la calle pelos crespos. Y es más extraño aún encontrarse con quien no quiera domeñarlos.

La verdad: yo solía ser una de esas mujeres ansiosas por el pelo liso hasta que, gracias a par de ex, descubrí que los rizos pueden ser sexys. El look “al descuido” es quien nos dice que hay otras cosas más primordiales de las que preocuparse. El pelo debe verse bien, pero no debe ser la prioridad (a no ser que seas peluquera).

Afortunadamente, en el mundo está creciendo la tendencia del “peinado del despeinado”. Y el pelo rizo -obviously- es el mejor para eso del despeine. Tiene vida propia -dice mi mamá cuando salgo a la calle. Y entonces ella, que lo tiene lacio y no entiende, me saca un cepillo a modo de amenaza. Yo corro. Porque eso sí, los rizos no se peinan con cepillo, de lo contrario se corre el riesgo de parecer una casa de campaña andante. Créanme, lo digo desde la experiencia, nada peor que cepillar una cabeza rebelde.

Mis rizos son la excusa perfecta para ahorrar tiempo. Y cuando alguien se atreve a mencionarme uno de esos instrumentos de tortura que utilizan las peluqueras, vuelvo la cabeza toda orgullosa y le suelto que no es que esté despeinada, es que mis pelos tienen libertad de expresión.

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