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El tiempo, que siempre juega a las escondidas, se esconde tan bien que a veces no puedo encontrarlo. Mientras dura el juego pasan las horas y yo, que no soy de las que se da por vencida, lo busco debajo de la cama, en un rincón de la cocina, en las gavetas del cuarto, en la terraza, el patio, la bañadera roja, en la caja de recuerdos que también anda escondida (diría alguien escondimiento cíclico… si acaso existe la palabrita) pero no lo encuentro. Entonces me frustro y comienzan las lágrimas, las preguntas, los golpes repetidos con la sartén en el cráneo… y así… hasta que al 5to golpe me viene una idea, y corro como loca por toda la casa agarrando a mi paso cada reloj que encuentro.

A todos les atraso 2 horas. No importa el mundo de afuera. En este momento estamos tú, yo… y el tiempo que nos regala 2 horas extra.

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