Maria

María llega para alborotarlo todo, con su pelo rojo cual bandera brinca el muro que da a la calle y, sonriendo como gata a la que le acaban de hacer cosquillas, saca de su mano un papel arrugado:

-Estás desaparecida y no me gusta si no es debajo de las sábanas.

El mensaje, críptico, le devuelve una sonrisa. Una sábana blanca le cuelga del hombro.

Es para jugar a los fantasmas – me dice a la vez que me guiña el ojo. ¿Quién sabe?, a lo mejor si no me escondo puede que le dé un buen susto.

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