Anti-Navidad

A ver, cómo lo explico sin que me tilden de Grinch: ¡No me gusta la Navidad!

No insistan más; eso de las lucecitas por todas partes lejos de parecerme lindo me parece un derroche de electricidad, luego se quejan cuando a mediados de año se les va la luz y tienen que dormir en la azotea. No… y otra cosa: el dichoso puerquito. No les parece crueldad animal (e incluso porquicidio) que al llegar a estas fechas nos pongamos a matar a cuanto bicho haga oink oink? ¿Todo el año comiendo pollo para venir al final (¡y por casi una semana!) a atragantarse con el fucking cerdito? Hasta el pobre Piglet tiene que decirle a Winnie que lo esconda.

Ah, pero no hablemos del arbolito… eso de talar un pino para alumbrar una esquina durante 20 días se le tuvo que ocurrir a algún amante de la desertificación y la sequía. ¡Que no quedan casi árboles en el planeta! ¡Coño!

La Navidad no es natural. Quién me va a hacer tragar el cuento ese de que en fin de año todo el mundo está feliz y hay que perdonar al prójimo. ¡Noooooooooooooooo! ¿Si fuiste un hijodeputa todo el año, tú crees que ahora, cuando vienen los últimos días, se me va a olvidar todo lo que me hiciste? Pues no. Eso no sería un milagro navideño, sería amnesia.

Nada, que este año ando en cruzada contra el gordo pedófilo y zoofílico que se cuela por las chimeneas (miren qué ejemplo le está enseñando a los niños). Si lo veo, prometo, como los 3 cerditos, poner una olla de agua caliente en los bajos para que se escalde el culo.

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