Oli

No puedo evitarlo, cada 23 de diciembre busco insistente un clavel blanco en todas las florerías (casi nunca aparece) y termino en aquella ciudad gris, negra y blanca regalando los pétalos mientras le cuento una historia.

Hoy serían 105, hace 5 que no está y me niego a soplar las velas por miedo a que no se me cumpla el deseo. Ayer mi madre me dijo -siempre con la palabra justa-  que en realidad ella no se ha ido porque yo jamás la he dejado de contar. Tuve que admitirlo y, mientras lo pensaba, un pequeñito bombillo se me encendió: ¿“Las crónicas de Oli” sería un buen nombre para un libro de cuentos?

Podría comenzar, por ejemplo, escribiendo la historia de la funda de almohada. Yo con 5 años tratando de encontrarla mientras ella, con esa originalidad que siempre la caracterizaba, escondía la almohada blanca de aquella cama imperial y se metía dentro de la funda como si de un saco de papas se tratara. Jamás la encontré. Luego, cuando me tiré en la cama cansada de buscarla y par de brazos me envolvieron en un abrazo, descubrí que se puede llorar de alegría.

O tal vez, quizás, pueda hablar de mis fútiles intentos de parecerme a ella mientras que, armada con toda la paciencia que cabe en un cuerpo de 126 centímetros, la cómplice de sueños me iba alcanzando uno a uno sus vestidos.

Me hizo dulces, me enseñó a cocinar y me inculcó el amor por ese brebaje mágico que es el café (a la mierda el chocolate) mientras visitaba cada tarde a sus amigas. Con ella aprendí a ser incondicional.

Hoy, 23 de diciembre, me duele no poder presentársela a ese grupo de amig@s que han devenido herman@s. No cargará a mi hij@ cuando l@ tenga, no comerá conmigo mi próximo cake de cumpleaños. Sin embargo… siempre estará aquí en mi blog, e incluso cuando yo me haya ido, las arañitas de Google indexarán su nombre.

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9 comentarios sobre “Oli

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  1. Somos polvo de estrellas dice Drexler, pero hay algunas partículas de polvo más brillantes que otras. Oli era un especie rara de polvo cósmico, del tipo que deslumba, que enceguece, de las que no saben hacer otra cosa que ir dejando su estela por ahí, sembrando esa luz en ti. Ella estará a salvo mientras tu la recuerdes así, y te quiere mucho, como todos, yo lo sé.

  2. Qué bello. Nuestros muertos nunca están ausentes. Viven en uno. Es un lugar común esto que digo, pero eso no le quita lo cierto.

    Un abrazo.

    P.D: Buenísimo lo de las arañitas de Google.

  3. Mar, no pude evitar emocinarme. A mi me sucede algo parecido con mi abuela, quien falleció hace ya 5 años, después de un Alzhaimer que no dejó que me reconociera en el último año. Cuando le preguntaba quién yo era ella solo decía tú eres mía. Yo la recuerdo todos los días y sigue siendo de las personas más especiales de mi vida. A veces me parece sentir su olor o escucharla, es una presencia que nunca desaparece, y eso es una especie de consuelo. Gracias por compartir esta historia.

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