El naufragio

« La gente buena tiene que sufrir, tiene que medio morirse siete veces para tener algo bueno que contar, y tiene que caminar y caminar para que entienda que moverse es importante si no quiere que lo alcance el polvo, y tiene también que aprender todo de primera mano y a la mala, porque tiene que volver a sufrir, llorar hasta que se le seque el cuero y mojarse hasta que se le hinche la memoria, enfermarse una sola vez y para siempre, para que con cada vez que su corazón bombea, le venga a la memoria el recuerdo de su necesidad de formarse aquella inspiración que lo impulse a no dejar de respirar. Pero pasa que cuando llega el tiempo, la gente buena toma todo lo que le ha cargado a sus hombros el cosmos, y nadie sabe lo cabrona que puede llegar a ser esa gente, porque era inesperada su potencia hasta el momento que se vio. Pero a veces pasa también, que hasta en el mejor momento se rompe el barco, y hay que sufrir otra vez y volver a ahogarse, sobrevivir al tiempo del naufragio, como la gente buena, porque la gente buena sufre mucho, así es como se dan las cosas tantas veces…»

Tomado del blog Contar con Vos.

5 comentarios sobre “El naufragio

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  1. Desgraciadamente asi es amiga, la gente buena somos sufridores por naturaleza,
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    ˛˚˛*˛°.˛*.˛°˛.★˚˛*˛°.˛.˛°˛.★ƑЄԼƖȤ *★ 。*˛.
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    ˛. (´• ̮•).。/♫.♫\˛. ˛_Π_____.♥ ˛* ˛*
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    (…’•’.. ) ˛╬╬╬╬╬˛|田田 |門|.。˛ ˛. *。
    ˛˚˛*˛°.˛*.˛°˛.★˚˛*˛°.˛.˛°˛.★ƑЄԼƖȤ *★ 。*˛.AׁÑO NUEVO 2016

    Besukis!,- Marina

  2. Mamá grande diría que las lágrimas son el néctar del alma, así como los besos, pero los besos se obsequian y las lágrimas se exprimen. «¿Y a dónde van los muertos abuelita?» Preguntó la madre de la niña. «Al futuro hija, al futuro».

    La gente buena tiene que sufrir (…)

    Esto era lo que la abuela nos decía, no se trataba más que de vivir. En cuanto al abuelo, optó por darle la vuelta a la página y dejó su lugar junto al encino. Ese día entró a la casa y se sentó frente al tanque donde se hallaba durmiendo el pez dorado, miró entonces al gato salir por la ventana, como de costumbre. Lo entendió como una respuesta grande, simple y definitiva. Sin crisis no hay catarsis. Dejaría de buscar el idilio existencialista que le había tenido siempre hundido en el suelo, y entonces, le daba la espalda al mundo, y en ese espacio se quedó, de pie en el único lugar sensato remanente en el universo, el silencio, siempre en el silencio. Y del niño que fui tan sólo quedó un murmullo, se quedó bailando en el viento del pueblo al coger el tren. (…)

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