Tacones cercanos

tacones

Primero fueron los hombres y, aunque no queda claro de dónde salieron los primeros, parece ser que fueron usados por actores de la Grecia antigua y se llamaban “kothorni”.  Datan alrededor del siglo II AC y  los tacones eran hechos con suelas de corcho de madera y medían entre 8 y 10 centímetros.

Durante la Edad Media en Europa también fueron moda y tanto los hombres como las mujeres usaban un tipo de zapato conocido como “estampados” que no eran sino sandalias que elevaban los pies sobre la tierra para poder pasear por las calzadas sin ensuciarse con el lodo del camino (recuerden que Europa en aquel momento no era muy limpia que digamos). Sin embargo, mientras que los estampados eran prácticos, otro calzado se usó por simbolismo. El chapín era un tipo tacón usado por las mujeres de la sociedad veneciana durante los siglos XV y XVII y se decía que entre más altos los chapines, más alto era el estrato de quien los lucía (algunos chapines llegaron hasta 50 centímetros).

Ahora bien, aunque los estampados y los chapines elevaban los pies del piso, eran más parecidos a las plataformas que a los tacones (y eso es trampa). Para hallar un calzado que se parezca a los tacones modernos, tendríamos que viajar a Persia en donde un tazón de cerámica sugiere que se usaban desde el siglo IX. ¿Para qué? Pues para montar caballo… según la bibliografía consultada (sí, estudié para este post) eran muy efectivos a la hora de mantener los pies dentro del estribo.

El rey Sol tambien los usó, aunque bueno, en su caso imagino que la necesidad lo hubiese llevado a ello y fue Nicolás Lestage quien se los diseñó en 1660. Incluso madame de Pompadour llegó a vestirlos haciendo de su estilo un nombre “tacones pompadour”.

Lo cierto es que, a pesar de los años (y al pasar de los años), los tacones no han perdido su protagonismo en la vida cotidiana. Tanto es así que hasta yo, fiel defensora de la comodidad del calzado, me inventé este post simplemente para congratularme por haber conseguido unos.

PS: Los de la foto son los míos 😉

9 comentarios sobre “Tacones cercanos

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  1. Me gustaban más las botas.

    No me refiero al resultado estético, que en tus manos (o en tus pies, en este caso) garantizan una airosa presentación en sociedad, como ha sido siempre.

    Lo que me gustaba de tus botas es cómo me sentía yo. El retumbe en los oídos, la nalgada a la ciudad. El cuero salvaje como una barca ya lista. Y sobre todo la sensación que me dejaban, como de león a punto de morir atravesado en el coliseo.

    Los tacones no están mal. Pero míralos y dime si no son una suerte de preámbulo, de sala de cine aún con las luces encendidas. El sueño del dragón. Eso, son un ejercicio onírico, de bucólica paciencia. No han llegado a la realidad. Todavía esperan.

    En mi paradiso, si en vez de botas van a ser tacones, entonces prefiero saltar al capítulo ocho, en el que ya los llevas en la mano y sigues descalza por las calles de La Habana.

    1. Ah, Romey querido, hay algo sutil que se le escapa… si las botas son flechas, porque lo son, por rústicas; los tacones (tienen que ser de aguja) son dardos, puñales que atraviesan el asfalto.
      Una mujer en tacones es el equivalente a la Mata Hari moderna 😉

      1. Ah, querida Mar, no por condescendencia, sino por elogio a su puntería, le reconozco una pequeñita (pero tremenda) dosis de razón: hay tanto que se me escapa…

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