#OperaciónRescateDelEspañol

Ayer, en una de esas conversaciones medio morbosas que mi grupo de amigos se empeña en sostener, terminamos hablando de las cosas del otro sexo -o del mismo, si ese es su interés- que nos bajan la libido.

Se habló, por supuesto, de los malos olores, pasando desde los básicos como boca y axilas, hasta los pies y/o manos. También se tocó el tema de las uñas sucias (cosa muy desagradable, por cierto) y los pelos despeinados. Ojo: generalmente (hay días en los que me peino) yo suelo caer en este último grupo, así que ya sabe, si le interesa conocerme, mejor que no le tenga mucha fobia al despeine.

En fin… se tocaron los temas clásicos hasta que yo (excéntrica por naturaleza) solté mi pequeña contribución. –A mí me la baja la mala ortografía.
Todos me miraron con cara de risa hasta que la L, alma gemela, me abrazó.
Coincido –se desahogó mirando al grupo– y que conste, a muchos de ustedes no me los follaría, escriben pésimo.

¡Qué manera de reírnos ese día!… yo casi me caigo y todo. Y es que, aunque las carcajadas nos hayan relajado, la verdad es que ese es un tema súper delicado para todo aquel quien, como yo, sufre con la mala ortografía.

Ahora es una excusa graduarse de ingeniería. Te miran con los ojos del gato de Shrek y te sueltan, como quien no quiere la cosa, que para las ciencias no hace falta escribir bien. Que en cálculo se usan sólo números. ¡INFAMIA! ¡CALUMNIAS!

Yo soy ingeniera y siempre me he preocupado porque de mis manos (o mi boca) no salgan disparates. La mala ortografía es a la vista como el mal aliento a la nariz. Insoportable.

No, y la cosa no es sólo con los ingenieros, conozco muchos de ellos que podrían enseñarle Español- Literatura a cualquier licenciado. Ya el desastre es generalizado. Incluso en las primarias, que se supone sean el pilar de la educación, encontramos maestros que escriben “yave” en lugar de “llave” y luego se atreven a ponerse firmes en su disparate.

No es justo… no con los que aún nos preocupamos. Por esa razón, para evitar el descontrol, propongo una campaña:

Si te escribe alguien con mala ortografía… no te lo folles. Ayuda a crear conciencia, fomentemos junt@s la #OperaciónRescateDelEspañol.

22 comentarios sobre “#OperaciónRescateDelEspañol

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      1. Jajajaja, al menos rectificó. Y ya sabe… dicen que eso es cosa de sabios.
        Respecto a la carta de ruptura… he estado ahí 😦
        Los prefiero feos a tontos. #CadaQuienConSusGustos.

        1. Sabio, no creo, vergonzoso por estas cosas, mucho.
          Eso me pasa por no releer antes de darle al enviar… Hay veces que la cabeza y los dedos no van acompasados en el teclado…. la cabeza rauda decide poner la tilde pensando que los dedos ya han llegado…. y claro, la pone en donde no debe.

  1. Tu post me recordó a una amiga que perdí de vista hace años. Desplegaba una erudición envidiable cuando se soltaba por la literatura o la música. Era una enciclopedia capaz de arrollar en “Escriba y Lea”. No obstante, sus talentos (que la llevarían lejos) radicaban en la fotografía y los linguini con camarones. Una cabrona diosa.

    Eso sí, a pesar de haber leído más libros que en mis tres vidas juntas, la chiquilla no tenía la más puta idea de cómo escribir. Confundía “b” con “v” y “m” con “n” a mansalva, mezclaba eses y zetas, quitaba y ponía haches sin acertar jamás. Era una metralleta de erratas, una máquina de moler el castellano.

    Sin embargo, llegado el momento lanzaba el plato o la Olympus, me despedía del libro o del pitusa, y entonces se desataba con una destreza salvaje, humeante, implacable y certera. Un tren, la niña, que se llevaba todas las paradas y se pasaba a la Real Academia por su propio libro.

    Imagino su sonrisa si ella leyera esto. Es del carajo no pedir permiso, pero me consuela que no miento ni insulto al traerla aquí. Más bien me hace temblar la mano cuando voy a firmar tu oportuna campaña, Mar. En el garabato que me saldría está su victoria. Tal vez se me escape un gazapo en mi propio nombre y me descalifiques de cualquier manera, por discordante y por memorioso y por inoportuno. Perdóname.

    Que viva la ortografía, pero hoy yo me dejo ganar. Cómo tiemblo, cojones.

    1. jajajajja, siempre, querido O. Romey, hay exepciones. Y hay personas dislexicas que no entran en mi clasificación. 😉 Tú, por ejemplo, ya pasaste la prueba.

    2. Pues no entiendo cómo, luego de haber leído más libros que tú en tres vidas, podía tener tan horrible ortografía, si la lectura es -al menos en mi caso- la mejor -casi diría única- maestra de ortografía que he tenido jamás…

  2. Pero… En serio??! Yave en vez de llave??? Un maestro??? Yo no puedo con eso, es una de las causas por las que deseo tanto tener al fin mi ordenador de regreso, porque esta tablet que uso se inventa cada una…! Tengo que mirar cien veces lo que he escrito y aún así me hacer quedar mal…😂 Por lo cual un párrafo, en tiempo dedicado se convierte en un relato corto. Pero es que, para bien o para mal , me gusta las buena ortografía, independientemente de que me gusten letras o ciencias, creó que no tiene nada que ver, la buena ortografía es como las buenas maneras, y de eso tienen que tener tanto astronautas como pianistas como poetas y también un buen electricista.

    1. Pues sí Carmen, un maestro. Y esa historia me toca de cerca porque fue mi prima quien vino con la palabrita escrita en la libreta.
      Tuve que ir yo a la escuela a “conversar” con el “educador” quien, por cierto, se mantenía firme en sus trece hasta que le saqué un diccionario.
      El día que tenga hijos creo que los voy a educar en casa 😥

        1. Lo que pasa, querido Julio, es que yo soy más de fijarme en tipos feos. Y tú eres un sol de lindo (incluso lindo reversible).

  3. Pues a partir de hoy, juro solemnemente que, antes de pedirle a una chica su número de teléfono, le voy a pedir que me escriba un fragmento del Quijote, o del Cid Campeador… Eso de que los ingenieros no necesitamos escribir bien me recuerda una vez más a Rabinovich, en La comisión, cuando Marcos le pregunta: “¿Mil ochocientos siete… ¿es antes o después de mil ochocientos quince?”, y él responde: “Yo soy abogado, no soy ingeniero”.

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