No hay escape

Cuando aparece el desvelo -niño intranquilo- y le da por juguetear con las horas, la cabeza desacomoda su sueño  ingenuo y comienza a devorar, una por una, las letras del libro abierto que le vigila. Los poemas, muchas veces, se me convierten en carceleros. Mi olor a ti Toda mi ropa huele a cuando estabas.... Leer más →

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