Y él, que no sabe que lo escucho, levanta el teléfono y le suelta: Ayer me calenté mucho pensando en ti.

Ella (supongo) le debió contestar algo subidito, porque acto seguido, como si de un juego de roles se tratara, colgó el teléfono, registró el bolsillo y sacó un condón.

La imaginación me carcome.

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