Porque no se vuela con el cascarón

Y viene la serpiente a morderme el tobillo, a inyectarme, maliciosa, su veneno dulce. La piel comienza a transpirarme, los ojos a cerrarse, la boca a abrirse. Una corriente me sacude el cuerpo y caigo al piso con el mismo estrépito que un dique al partirse. Muriendo voy, poco a poco, arrastrándome tras sus colmillos.... Leer más →

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