consejo

No sé cómo lo hacen, pero cuando te escuchan decir esas palabras -aunque uno las susurre al viento con voz apenas audible- ellas se encargan de rebatir la afirmación. ¿Que no hay nada que hacer? ¡Ja!

Y de repente, como si de un acto de magia se tratara, aparece de la nada un montón de ropa sucia -que yo juraría había lavado el día anterior. Si no es ropa, no hay que desesperar, algún piso se encuentra sucio o algunos platos del desayuno/almuerzo/cena están sin lavar. Siempre… pero SIEMPRE hay algo que hacer y el tiempo no está para perderlo en muñequitos raros (entiéndase animes) con voz de pito. Porque eso sí, mi madre (fíjense que no generalizo) encuentra rarísimo que yo, “a mi edad”, pueda seguir mirando esos “dibujitos chinos”. Vaya, que si se encuentra con Miyazaki lo manda a fusilar. Estoy -pobre de mí- al esconderlos en una carpeta XXX, no vaya a ser que, según sus estándares, eso sea más normal para una “mujer” de 27 años. Ah, y hago énfasis en mujer porque para lo que le conviene a ella sigo siendo su “niñita del alma”.

Nada, que a las madres no hay quien las entienda. Menos mal que para quererlas no es necesario.

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