princesa

Septiembre (como cada año) conlleva sus nostalgias… no obstante este, para variar, se me presenta agridulce. Me siento –y esto sí es nuevo- como una niña traviesa que se esconde tras la puerta para ver el desenlace de su travesura. Y me brillan los ojos mientras te imagino.

Tú y yo, que tanto nos parecemos, compartimos la manía por las sorpresas… por eso mañana, cuando un año más te pregone las canas, te llegará la mía envuelta en papel de regalo.
Daría lo que no tengo por mirar tu rostro mientras lo abres. Y apuesto un millón de rupias (no sé por qué, pero me gusta el sonido de esa moneda) a que la cara se te llenará de sal. Par de llorones son- diría mi mamá… y tendría toda la razón del mundo.

Al fin y al cabo, a pesar de mis 27, todavía me siento la pequeña princesa de papá. Y esperaré despierta hasta que den las 12 para –como Cenicienta- antes de que acaben las campanadas, gritarte al oído un inmenso “felicidades”.

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