B7RLXDtIUAInjmc (1)

Yo, que soy de las primeras a la que le sube el azúcar al ver esas parejas cursis que andan por la calle, ayer me encontré deseando un abrazo ñoño. Y es que, aunque la mayor parte del tiempo sea Katrina (referencia obvia a los Cachorros de la Perrera), de vez en cuando se me esconde la vieja y raspa la superficie la niña dulce de las películas americanas. Las cuales son mi punto débil, debo añadir.

La culpable de este post, por ejemplo, fue una de esas que pasan por la TV a la hora en la que todos duermen. “Magic in the Moonlight” se llamaba y, (esto me salva un poco) afortunadamente fue escrita y dirigida por Woody Allen. Según la reseña de Wikipedia (perdónenme los culturosos), cuenta la historia de un hombre nihilista, cínico y racional (Colin Firth) que, aunque se dedica a la magia, se dedica a desenmascarar a quienes se hacen pasar por médiums; pretende demostrar que no hay nada de mágico en ello, que no existen Dios ni el más allá, que todo es racional… y, sin embargo, sucumbe frente al pensamiento mágico al conocer a una médium (Emma Stone) que le demuestra que hay algo más en el mundo que ni la ciencia ni él pueden entender: el amor.

O sea, todo un clásico de la comedia romántica. Ustedes imagínense la escena: yo, en el sofá de la sala, sola, con la ventana abierta y las luces apagadas, viendo el final…
¡Mierda! ¡Qué necesidad de un abrazo! ¡Qué ganas de un hombre con chocolates!

No es justo, con lo difícil que había sido alcanzar la reputación de mujer fuerte para que viniera una peliculita fresita y la destrozara. Shame… big shame on me.

Anuncios