Porque a veces bastan unos versos

mujer-espejo

Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay, decíme
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca, atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad, de curiosidad, de miedo
o sólo con cansancio, con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez-mis once años-
y me diré, mirá, ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré: esa soy yo, ésa es idea
y le sonreiré dándome ánimos.

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