Hoy volví a leerlo… hacía tanto tiempo que no me encontraba con sus letras, que me sorprendieron aquellos papeles amarillentos. Con cuidado, como si se tratase de un pequeño tesoro, fui sacándolos de uno en uno de aquel libro viejo.

Me sonrojaron sus palabras. Aquellas historias mínimas, cargadas de la elocuente ternura de siempre, me devolvieron a los cafés matutinos de antaño.

Y es que, si lo confieso, él nunca perdió la capacidad de estremecerme. Cada línea de sus poemas me dejaba marcas en la piel y me sacudían sus párrafos como si de violentos empujes se trataran. He de admitirlo, me masturbé con sus quimeras, me abrieron las piernas sus fantasías y par de narraciones cortas entraron en mí como epopeyas.

Terminé desmadejada, débil por dentro… con sus metáforas escalándome la espalda. Todavía me resuenan en el pubis sus palabras.

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