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A Déborah, que me dio la luz.

 Lo confieso, no me gustan los días grises, me da por ponerme a tono. La sonrisa se me congela y un dejo de nostalgia triste comienza a reaparecer. Cualquier canción que hable de amor me desbarata el alma y los ojos comienzan a diluviar con el primer estribillo cursi.

Afortunadamente, no soy la única que sufre con los colores… incluso en Brasil tienen una definición. A la gente como yo las suelen llamar “personas que pertenecen al sol”. ¿Quién sabe? Quizás sea cierto y yo no sea un ser de nubes. Sólo sé que, al escuchar la frase, comienzo a imaginar rayos de luz calentándome el rostro… La imaginación es un arma maravillosa, tal vez no sea necesario ni que el cielo aclare.

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