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Hoy viene a ser como la cuarta vez que espero
desde que sé que no vendrás más nunca.
He vuelto a ser aquel cantar del aguacero
que hizo casi legal su abrazo en tu cintura.

Y tú apareces en mi ventana,
suave y pequeña, con alas blancas.
Yo ni respiro para que duermas
y no te vayas.

S.R.

Hace un tiempo soñé que me dormía en una playa de arenas blancas. Tú aparecías en el sueño. Me cubrías el cuerpo con las hojas caídas de los árboles y en el rostro me posabas mariposas. Yo respiraba alas llenas de luz -era un sueño raro- y la cara se me cubría de escarcha blanca.
La escarcha (si mal no recuerdo) provenía de tus lágrimas… lagrimones pesados corrían por entre mis senos dibujando, al secarse, extrañas figuras en el suelo. Y yo no me despertaba.

A partir de entonces le temo a las mariposas.

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