Hay ocasiones en que sólo basta abrir los brazos. Los míos -como ya sabes- siempre están prestos. Esta vez, como bonus extra, los envuelvo en versos sanos, en versos fuertes… son de Almudena Guzmán (dice el libro) pero yo te los regalo. Aprópiate de ellos y sé feliz.

Usted se ha ido

Usted se ha ido. Pero tampoco conviene dramatizar
las cosas.

Cuando salgo a la calle,
aún me quedan muchas tapas risueñas en el tacón,
y mis medias de malla consiguen reducir la cintura
de la tristeza
si su ausencia va silenciándome en una resaca
de escarcha.

O sea, que no estoy tan mal.
Porque yo podré ser de vez en cuando un eclipse. Pero
nunca
un eclipse sin sangre de luz.

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