Hay canciones armas -me confiesa María. Hay canciones balas.
El otro día, por ejemplo, me dispararon una ráfaga. Uno de los proyectiles me voló la boca, me mató las palabras. Por una vez en mi vida no supe qué decir, mejor dicho, no fui capaz de decir.

El autor del crimen, uno que yo consideraba víctima, me atrapó en medio de un concierto y me amordazó con la mirada. Pablo cantaba y yo sólo tenía oídos para aquellos ojos negros que querían taladrarme el alma. Me inmovilizó la melodía y aquel sentimiento extraño de sentirme la única persona en el teatro a quien iba dedicado aquel tema.

Por un instante… un breve instante, me sentí morir.

El breve espacio en que no estás

Todavía quedan restos de humedad,
sus olores llenan ya mi soledad,
en la cama su silueta se dibuja cual promesa
de llenar el breve espacio en que no está.

Todavía yo no sé si volverá,
nadie sabe al día siguiente lo que hará.
Rompe todos mis esquemas,
no confiesa ni una pena,
no me pide nada a cambio de lo que dá.

Suele ser violenta y tierna,
no habla de uniones eternas,
mas se entrega cual si hubiera
sólo un día para amar.

No comparte una reunión,
mas le gusta la canción que comprometa su pensar.
Todavía no pregunté “¿te quedarás?”.
Temo mucho a la respuesta de un “jamás”.
La prefiero compartida antes que vaciar mi vida,
no es perfecta mas se acerca a lo que yo
simplemente soñé…

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