Utopía

Dice mi madre, que sólo me aconseja cuando no estamos discutiendo, que todo sucede por una razón. Yo, que no creo en el fatalismo de un destino predeterminado, la miro con una ceja levantada (sí, yo puedo hacer eso) y dejo escapar un sonido que, si bien muchos lo conocen como huevo frito, yo catalogo como chúpiti. Ella, con la experiencia que le da su más de medio siglo (por Dios, que no se entere que les conté su edad), esboza una media sonrisa y me devuelve el recuerdo lejano de mi elección de carrera. Tengo, obligatoriamente, que hacer silencio.

Mi madre, aunque a veces se me olvide, es la mejor en tiempos de crisis. Incluso aunque no es la típica madre cariñosa, sabe cuándo necesito un abrazo. A pesar de que somos como España y Cuba, con sus intentos de colonización y mis ataques de rebeldía, mi madre, aunque a veces no me(la) comprenda, en momentos de crisis levanta bandera blanca y se cambia de bando.

Todo pasa, me repite como eslogan de empresa. Todo pasa. Después enmudece y se acuesta a mi lado.

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