morgadas_121
…He says, Son can you play me a memory
I’m not really sure how it goes
But it’s sad and it’s sweet and I knew it complete…

La música le brotaba de los dedos como si en vez de clavijas tocase a una mujer. Yo suspiraba. Tenía las manos largas de las que hablan los poetas y entre sus palmas la partitura blanca simulaba apenas un trocito de papel.

En ocasiones, el piano vibraba con tanta fuerza, que las luces del salón comenzaban a parpadear. Era entonces que el pianista, acostumbrándonos a las sorpresas, aquietaba sus embestidas y, con una ternura descomunal, acariciaba la superficie dura del instrumento.

Mil veces en esa noche me descubrí convertida tecla: era yo una de esas piezas pequeñas que festejaban sus dedos y mis gemidos eran los gritos que estremecían las cuerdas.

¡Un concertazo! – me susurró un amigo. Mi subconsciente solo sugería orgasmo.

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