Los parques son el refugio verde de los enamorados, el pretexto ingenuo de las primeras citas e incluso el final sereno de mil historias. Hay –por supuesto- parques camas, parques encuentros, besos árboles, besos estrellas, bancos rupturas, marcas de arena… en fin, todo un universo de cuentos y leyendas.

El de ellos, aunque no me lo contaron, era un parque canción. Lo sé porque en un descuido comenzaron a tararear y la suya era una melodía de recuerdos. Escondida, con mis gafas voyeuristas, los espiaba y escuchaba cantar… Sus voces me devolvieron esa fe en los paisajes que había perdido antes.

Una canción, un parque… a veces es todo lo que se necesita.

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