En un mundo paralelo estaríamos tú y yo de frente al mar, acostados en la orilla, dibujando las estrellas.

En cualquier mundo -que no fuera el nuestro- cosecharía en tu vientre enredaderas y, quizás, hasta reprodujera (de multiplicación de animalitos) en botellas viejas, aquellos cocuyos de los que hablaba en canciones la señora de las violetas.

En uno de esos universos inconexos -si me dejaran- construiría graneros inmensos y encerraría a cal y canto todos los relojes del planeta. Sólo para ti, sólo para nosotros… Sólo para amontonar el tiempo.

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