Memorias de una puta triste

venas

Eran tan amargos esos recuerdos que un día decidí abrirme las venas con la vieja navaja de mi bisabuelo. La sangre salió negra, como la tinta de tus poemas, y en ella burbujearon algunos versos. Dejar ir, (me escribiste un día) es más que dos palabras en la práctica.

Yo ensayé la paradoja y, uno a uno, fui donando tus recuerdos. “Transfusión”, lo llamó el médico; “exorcismo”, declaró el cura. Hoy otro cuerpo –que imagino hermoso- recibe tus besos en la plaza vieja.

7 comentarios sobre “Memorias de una puta triste

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  1. Dejar ir.. es posible intentarlo, pero no hoy, no mañana, lo comenzaré a hacer cuando otros recuerdos me ayuden a mantener el equilibrio

    Mientras ese día llega, ni pensar quien recibe los besos ni en donde

    Abracitos

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