violonchelo

Hacía ya un tiempo que no soñaba… ya no se me dibujaban en la memoria cuerpos desnudos y no me despertaba con esa urgencia que hace cruzar las piernas. Ya los contornos lúdicos no se me aparecían en espejismos. Y estaba triste. De alguna manera María se las había arreglado para esconderse y desaparecer de mis fantasías.

Ayer, afortunadamente, reapareció… venía arrastrando consigo uno de esos intrumentos grandes que siempre he considerado hechos para disculpas; lo envolvió con su cuerpo (siempre desnudo) y comenzó a interpretar una de las más bellas melodías que jamás había escuchado.

Me levanté con lágrimas en los ojos y el cuerpo vibrándome de deseo. Por un instante fui yo el violonchelo y unas manos suaves… casi con miedo, arrancaron de mi cuerpo las notas de la alegría.

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