-¡Yo quiero que me des una serenata! –le dice la novia envalentonada al suplicante muchacho que le extiende el anillo- ¡O me haces una serenata o no hay boda!

-Pero mi amor –se excusa el novio- ¿de dónde yo saco unos mariachis a esta hora? Mira… esteee… podemos dejarlo para otro día… los mariachis –farfulla entrecortado- son de-ma-sia-do caros.

Toda avergonzada, la novia baja lentamente la cabeza.

-Yo no decía… ejem… yo no quería decir “exactamente” mariachis. Lo que pasa… ejem… es que me ponen las cancioncitas en los balcones. ¡Y como tú ni en el baño cantas! Los mariachis –le tiembla la voz- son de la banda de los 40 ladrones. ¡¡¡Como cobran!!!Que va, cariñito lindo, a mí con un karaoke me basta.

-¿Antes de la boda? –le pregunta el novio.
-¡Antes de la boda!

¡Ay mi madre!– oigo murmurar al padre- ¿y esto es antes?… Pobre yerno.

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