Ann me cuenta que hace poco uno de sus amigos le regaló una rosa náutica.

Es de papel -me confiesa en susurros- para que pueda almacenarla en libros.  Eso de ir arrancando flores por los jardines me parece cruel… afortunadamente, nunca me ha gustado la idea de deshojar margaritas.

Ahora –me apunta ruborizada- tengo una rosa marinera. Una rosa guía. Y estoy a punto de empezar mi viaje. 

Anuncios