Vivir sin mar

Anoche soñé que vivía en una ciudad sin mar, rodeada de inmensos edificios plateados. Me desperté llorando. No pude, por supuesto, evitar acordarme de los que ya no están y (aunque parezca imposible) una parte de mi sintió pena por ellos. Sé que a muchos esta historia nostálgica de olas y arenas les parecerá un cliché, pero de eso estoy hecha, tengo una parte realista y las otras soñadoras.

Saber que tengo un mar que me rodea me calma, saber que tengo un muro en el que puedo amanecer me da paz. ¿Qué sentirán los que cambiaron azul por nieve?

Yo me pregunto: ¿no puede ahogarse uno en tierra firme?

19 comentarios sobre “Vivir sin mar

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  1. Por suerte no me pasó, creo que sería durísimo, las criaturas de isla como nosotros lo necesitamos como oxígeno, me cuentan un amigo en España que veía el mar como una franja confusa en el horizonte y se pasaba horas absorto, tratando al menos de olerlo..

  2. El post me parece bueno, Mar. Las inquietudes y los sueños: también buenos. Pero tildar de nevado y plateado el paisaje de todo el que se a ha ido es inexacto e ingenuo. Ahora algunos, como yo, vivimos más cerca del mar que antes, a distancias caminables del mismo Mar Caribe o de la costa del Golfo, o del Mar de China, o del Mediterraneo… Y recuerda siempre, que todos los océanos se conectan, y que bajo la nieve, el mar sigue pareciendo azul.

    1. Querido Globlin: yo hablo específicamente de aquellos que no tienen mar. Emigrar debiera ser un derecho inalienable de todo ser humano, sin embargo, particularmente, creo que me encogería si viviera en una ciudad sin azul. La nieve fue más un recurso literario, un sueño… tú dime: aunque tengas el océano cerca, no extrañas?

  3. No solo se necesita el mar, se necesita la solidaridad de nuestros coterráneos, las sonrisas en los niños, la posibilidad de visitar a un amigo o familiar cuando te de la gana, son tantos pequeños detalles que marcan nuestra nacionalidad e idiosincrasia que en su conjunto forman una cerradura inquebrantable, magnéticas que nos ata a nuestras raíces y lugares.

    Lo digo por experiencia, he tenido la oportunidad de pasar algunos meses en ciudades bellas, cargadas de cultura, con todo tipo de facilidades y en perfectas condiciones de vida y luego de quince días solo pienso en volver al terruño, vamos que Álvarez Guedes nos retrató con aquel chiste del cubano que intenta irse a vivir a Pensilvania.

    1. Eso es muy cierto, que si el calor, que si el frío… pero somos isleños Smart… y la atracción al mar es más fuerte que nosotros mismos.

  4. Sí, puede uno ahogarse en tierra firme… yo creo q si… podemos morir como vivimos 😉 A mi tb me da algo de pena por ellos, siempre extrañarán el mar azul, el muro q nos protege 🙂 Lindo post!!!

  5. Qué es esto? Parece el himno nacional cubano: “que morir por la patria es vivir!” 😛
    Cada persona es un mundo diferente. Los he visto en Miami, cubanos todos: unos olvidados de Cuba; otros desangrándose en odios que no conducen a nada; otros acechando el día D, perdido en un pasado que ya no es suyo porque es nebuloso y condicionado por ideas románticas de la tierra perdida… Pero lo cierto es que no hay absolutos, como en casi todo. Y si pudiera pegar una foto aquí les mostraba otro malecón con el mismo mar que miran ustedes, pero desde la orilla opuesta…

    1. Yo no he dicho lo contrario Duende buscapleitos… si te hubieras fijado bien hubieses notado que todo es desde mi personalísima opinión.
      Tú, que estás lejos, no extrañas el malecón? y no me mientas.

  6. siempre hay algo más que no se puede explicar y que es lo único que realmente importa que hace que el mar, ese que alcanzas con tu vista, sea único, diferente a cualquier otro.
    hoy caminaré junto al muro, quizá te encuentre Mar.

  7. “Me gusta el mar. Esa vasta extensión de agua que a veces se ve tan tersa que uno tiene la sensación de que se podría caminar sobre ella y que a veces se agita y se encrespa como si un fuego interior lo obligara a hervir y esa furia lo obligara a golpear las rocas de la costa levantando nubes de espuma blanca, con sonido crepitante de lluvia menuda forzada.
    Siempre dije (y la verdad es que no sé por qué) que no podría vivir lejos del mar. Iris cree, o prefiere creer, que es porque allí nos conocimos; pero alguna vez le dije que eso yo lo había dicho desde siempre, aun de niño (aunque no tan niño, mis recuerdos no llegan tan lejos), pero a ella parece no importarle o quizá sea que lo ha olvidado o que ha preferido olvidarlo”.

    (Punto de fuga. Arturo Silva)

    Podría suscribir cada una de esas palabras. También las tuyas.
    Cariños.

    1. Esta ha sido la mejor cita de la semana… gracias por regalarla. El mar y yo, que a veces somos una sola persona, se lo agradecemos.
      Un abrazo inmenso… una ola.

  8. Siento una sana envida a quienes tiene el mar cerca. Yo lo tengo como a ¡50 kilómetros de distancia!, Siempre recuerdo que vivo en la parte más ancha de esta isla, o sea que aquí tenemos el mar más lejos que el resto de los cubanos. Y eso no me gusta. ¡No quiero ni pensar en quienes viven en el continente!.
    Entonces tu sueño es más real de lo que parece. Pero no te asustes que era solo un sueño.
    Besos……

  9. Particularmente si me tocase estar lejos de mi tierra me acostumbraría pero sé que lo pasaría muy mal. Necesito el olor y la brisa como el comer.
    Un saco de besos salados y marineros.

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