En algún lugar del mundo un gigante, solitario, voltea un reloj de arena. En el desierto de esas horas una gota de rocío, de las que aparecen en las dunas, naufraga en un torbellino que las arrastra a través de un túnel. Dentro de la gota límpida un minúsculo hombrecillo arrastra los pies…

Cada segundo que pasa es creado por uno de estos hombrecillos. Los gigantes vienen a regalarnos las horas.

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